Historias de pueblo

De un municipio de 25 habitantes al mundo

Íñigo es la idea más brillante de toda España

El emprendedor malagueño, de 28 años, ha diseñado un traje que sirve de segunda piel para aquellas personas que, cómo él, sufren la enfermedad de “piel de mariposa”, un síndrome de fragilidad extrema de la epidermis.

Íñigo de Ibarrondo

Íñigo de Ibarrondo

Él sólo quería irse de viaje al Caribe con sus amigos. Y vaya sí lo consiguió. Era 2009, se encontraba en el ecuador de su carrera universitaria y la “enfermedad de piel de mariposa” no fue un obstáculo para que Íñigo de Ibarrondo cruzara el charco. Apenas unos meses antes de poner rumbo a Puntacana diseñó un traje con “unas medias para varices modificadas” que hace de segunda piel para quienes, como él, sufren epidermólisis bullosa. Desde entonces, no ha parado de trabajar para refinar un proyecto que ha bautizado como TXR, pero sobre todo, para conseguir que los afectados por esta enfermedad genética, y a día de hoy incurable, puedan desenvolverse con libertad, “sin tener que preocuparse por las heridas que te puedan salir si haces esto o lo otro”.

Tras mudarse a Madrid para sacar adelante su proyecto, este malagueño de familia bilbaína acaba de recibir el premio a la idea joven más brillante de España en el concurso anual que organiza El Ser Creativo y que patrocina Adecco, dotado con 10.000 euros. Sin embargo, Íñigo, ingeniero industrial, huye de la etiqueta brillante: “Ahí conmigo se han equivocado 100%”. “Esto es algo que se me ocurrió porque me quería ir de fiesta al Caribe”, recuerda bromeando.

Dice que lo suyo no son el orden ni la constancia pero destaca que lo que sí le ha dado esta enfermedad, entre cuyas manifestaciones se encuentran el retraso del crecimiento o complicaciones oftalmológicas y cardíacas, es buscar soluciones en sitios diferentes. “Da pie a mucha creatividad. Soy alguien que me tomo las cosas con filosofía. Detrás hay un ejercicio de paciencia muy importante y útil para la vida diaria”, confiesa. Un “pelín” de creatividad adicional que ahora aplicará al diseño definitivo de esa segunda piel que le valió para irse de viaje pero no para el día a día.

“De la adversidad siempre hay que intentar sacar el máximo jugo a pesar de que lo que tienes que pasar es una putada”

Y es que en el primer diseño incorporó unos corchetes que acabaron dejándole “una bonita cicatriz” en el pecho: “Me hacían más mal que bien. Y eso pasaba con los dobleces en las articulaciones de codos, rodillas… Había que pulir un poco todo eso”. Ahora, su objetivo es que lo pueda usar no sólo cualquier  afectado por la también conocida como “enfermedad de piel de cristal”, sino también quienes hayan sufrido grandes quemaduras.

“Tras estudiar cómo tenía que hacer para que se puedan meter los pies sin tener que friccionar, que la articulación de la axila sujetara pero friccionara lo menos posible cuando se moviera… acabé condensando todo en esta segunda piel”, recuerda el joven de 28 años, que aún debe decidir qué material empleará. Por ahora, asegura que no le preocupa el coste total y señala que una vez se haya hecho realidad buscará inversión para hacer un producto comercialmente interesante.

“Te pone una losa encima”

Reconoce que una enfermedad así, que en la actualidad afecta a unas 1.000 personas en España, “te pone una losa encima en muchos aspectos de la vida”. Así, enumera: “Si me quiero ir de viaje un fin de semana tengo que pensar si voy a poder curar mis heridas, necesito suplementos alimenticios…”. Además, requiere ayuda con las curas de la piel, que suelen asociarse a dolor intenso al despegarse los apósitos y aplicarse los nuevos, según recuerda la asociación Debra, creada por sus padres.

El joven de 28 años ha ganado 10.000 euros que invertirá en un traje que permita a quienes sufren epidermólisis bullosa moverse libremente

Aunque vive solo en Madrid, explica que necesita una “infraestructura muy importante”: “Hay una persona que me ayuda a ducharme, a fregar y limpiar”. Tampoco se olvida de la pesadilla burocrática a la que ha tenido que enfrentarse y, en este sentido, critica que todo el papeleo está ideado “para ver si te cansas y dejas de pedir”. Asimismo, lamenta que hasta hace poco cuando volvía a su casa de Málaga en verano sus padres llegaban a gastarse 2.000 euros en material mientras que la sanidad madrileña sí se lo sufragaba.

Disgustos administrativos al margen, Íñigo aconseja al resto de jóvenes “sacar el máximo jugo de la adversidad” y tener paciencia. Él, aficionado de la pintura y el atletismo, cuenta desde este momento un nuevo hobby: “Ponerme a trabajar como un loco”.


@leticianunz

Burgos, contra el olvido

Hace más de veinte años que no nace nadie en ellos. Hablar de ordenadores resulta una utopía. Muchos no disponen de bares ni de servicios. Las carreteras que los unen son caminos llenos de baches. Dicen estar comunicados entre ellos e incomunicados con el resto del mundo. Los pueblos de Burgos son protagonistas del cruel camino sin retorno de la despoblación. Así lo confirma censo tras censo el Instituto Nacional de Estadística: siete municipios despoblados y diez más que ni siquiera figuran ya como entidades.

Son municipios que buscan una segunda oportunidad. El éxodo rural, la emigración de mujeres, el atractivo de las ciudades, el progresivo deterioro de los servicios e infraestructuras, la ausencia de una red mínima de comunicaciones, la falta de expectativas para los jóvenes y la inexistencia de relevo generacional, son la combinación de causas que explican la despoblación en el medio rural. Causas que sirven para ilustrar la cifra de 2000 pueblos abandonados en España. León, Soria, Guadalajara, Lérida y sobre todo Huesca son las más afectadas por este proceso, al que Burgos tampoco es ajeno.

Castroceniza es un pueblo de 13 habitantes, sus calles están sin asfaltar y la mayoría de las casas, hundidas. Sufren continuas inundaciones por el mal estado de la red viaria de agua y cuando se quedan sin ella sólo les queda acercarse al manantial. No disponen de depósito, mucho menos de bares, el encargado de suministrar las bombonas de butano llega una vez cada quince días. La misma frecuencia con la que reciben al cura. Mientras, la enfermera lo hace una vez al trimestre.

Una de las casas de Castroceniza

Una de las casas de Castroceniza

Juan Carlos Antolín es el médico que les asiste una vez a la semana. Lo hace por voluntad propia ya que una normativa recogida en el Boletín Oficial de Castilla y Léon, datada de 1987, dicta que a los pueblos con menos de 50 tarjetas sanitarias, les corresponde la visita médica una vez al mes.

“Más vale que no te pase nada aquí”, lamenta un vecino de Barriosuso

Timoteo Alonso, a sus cuarenta y cinco años de edad, es el vecino más joven de Castroceniza, donde hace ya veinticuatro años que no ven nacer a nadie. “Está todo abandonado y no atienden a nada”, afirma. El suyo es un pueblo en el que los únicos ingresos provienen de la caza.

En la misma situación se encuentran los habitantes de Peñacoba, una aldea perteneciente a Santo Domingo de Silos. A sus 90 años, Paz Santamaría pasea junto a su perra Raya. Explica que en el pueblo no ha quedado nadie, pero que ella no se irá: “Si quieren venir a verme bien, pero a llevarme no”.

Las ovejas a su paso por Peñacoba

Las ovejas a su paso por Peñacoba

A pesar de todas las carencias y dificultades a las que hacen frente los pobladores rurales, se muestran orgullosos de sus raíces y aunque le ven una complicada solución, aseguran que no cambiarían su modo de vida. “Esto es un paraíso, vives como Dios, ancha es Castilla”, exclama Carlos Cámara, albañil del municipio. La cruz de la moneda la presenta la cobertura telefónica. “Llevo dos meses sin que me funcione el teléfono, no hay cobertura ni antenas, me sale más caro que el azafrán”, concluye el peñacobino. Pero los problemas no quedan sólo en el abastecimiento de agua o de teléfono.

“Hay que hacer que la gente se sienta orgullosa de vivir en un pueblo”

También se enfrentan a inconvenientes relacionados con las carreteras, la sanidad y las telecomunicaciones, aunque el mayor quebradero de cabeza siguen siendo la despoblación y la falta de atractivos para la llegada de nuevos pobladores. “A lo mejor no debemos obsesionarnos con la generación de empleo como única opción para fijar y atraer población. Es algo que vendrá derivado de que la gente disponga de una calidad de vida razonable en el entorno rural”, manifiesta Alberto Gómez Barahona, Licenciado y Doctor en Derecho por la Universidad de Valladolid.

“Esto es un paraíso, vives como Dios”, dice un vecino de Peñacoba

Por su parte, José Luis Ranero López, Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Sarriko (País Vasco), afirma que las personas se dejan cegar por las presuntas ventajas de la ciudad, y son incapaces de apreciar todo lo que ofrecen los pueblos. Ventajas como la falta de contaminación, de atascos o la menor carestía de las viviendas. La calidad de vida viene definida por lo que dictan las modas, algún día puede que cambie en beneficio de los pueblos. Ambos expertos coinciden en señalar la importancia de trabajar un componente psicológico: hacer a la gente sentirse orgullosa de vivir en un pueblo.

Mientras se trabaja este vínculo anímico, la imposición del modelo de vida urbano ha llevado a la progresiva desaparición de pueblos en toda España. En la comarca burgalesa de La Bureba, situada al noreste de la provincia, se contabilizan según el censo del INE, siete municipios despoblados. A esto habría que añadir otros diez que ni siquiera figuran ya como entidades. Algunos de ellos llevan muchos años deshabitados, pero en otros la pérdida de censo ha sido reciente. Quintanilla Cabe Soto, Movilla, Caborredondo, Bárcena de Bureba, Silanes y Valdeornedo han perdido toda su población. Algo parecido ha sucedido con localidades como Morcillo o Soto de Bureba. Frente a los aproximadamente 70 vecinos que tenían en 1960, hoy a duras penas mantienen unos pocos habitantes censados. La presencia humana resulta testimonial.

Vitorina vive sin luz

En Tejada, localidad de la comarca del Arlanza, la densidad de población no alcanza ni dos habitantes por kilómetro cuadrado. Teniendo en cuenta que la Unión Europea considera despoblado un territorio cuando tiene menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado, Tejada es un desierto demográfico. Está biológicamente muerto. La situación de una de sus vecinas resulta increíble. Vitorina Nebreda vive sin luz, su relación con el resto es nula… salvo con el tendero. Cuentan los vecinos que le deja una nota en la ventana con lo que necesita. Una vez éste introduce los víveres por la reja, Vitorina le paga y ahí termina su contacto con el mundo.

“El futuro de los pueblos no es muy halagüeño”, según un sociólogo

Saliendo de Tejada, dirección Santo Domingo de Silos, aparece Barriosuso. El acceso es complicado, su carretera no mide más de dos metros de anchura. Lo habitan cinco personas. No disponen de autobús para acercarse a Burgos. El médico tampoco llega hasta allí sino que son los propios vecinos los que deben desplazarse hasta el pueblo más cercano. “Más vale que no te pase nada aquí”, lamenta Martiniano Santamaría, vecino a temporadas, ya que el invierno lo pasa en la capital junto a sus hijos.

Plaza mayor de Barriosuso

Plaza mayor de Barriosuso

Otro de los problemas de la inminente desaparición de estas aldeas es el abandono de todo el bagaje histórico, cultural y patrimonial que atesoraban. Un estado de deterioro irreversible en el que han caído muestras de arte románico de extraordinaria calidad. Dice el refrán que quien tiene padrino, se bautiza. Pues bien, en Quintanilla de las Viñas sus dos o tres vecinos se mantienen atados a la vida gracias a la ermita visigótica que acopian. La localidad cuenta con un ermitaño que, según comentan los vecinos, gana más con las propinas de los turistas alemanes que con su sueldo. “Como aprieta la ermita, arreglan la carretera, sino estaría totalmente abandonado”, comenta Jacinto Eras, residente del municipio.

Ermita de Quintanilla de las Viñas

Ermita de Quintanilla de las Viñas

“En 15 años quedarán totalmente vacíos”

Puede que la última oportunidad para seguir con vida sea su conversión en lugares de residencia vacacional y de descanso. Son muchos los vecinos que han reformado su casa o construido nuevas viviendas, acudiendo al pueblo siempre que sus trabajos se lo permiten. Pese a ello, el 75% de la población rural supera los 70 años. “El futuro de los pueblos no es muy halagüeño”, decía el que fuera sociólogo y antropólogo de Ciruelos de Cervera, a apenas ocho kilómetros de Tejada. “Creo que en quince ó veinte años los pueblos, durante la mayor parte del año, van a quedar totalmente vacíos”. Vacíos durante el año pero con ciertos halos de luz y de esperanza en épocas veraniegas, con motivo de las fiestas patronales, de algunas tradiciones como las marzas o en Semana Santa. Puede que muchos queden abandonados absolutamente y se limiten a reseñas en las carreteras, en los mapas o en el carné de identidad de sus antiguos moradores.

Con el verano llegarán las bicicletas pero, ¿y durante el resto del año?. “Si los pueblos ven reducir su padrón de habitantes, los recursos para mantenerlos decentemente van a ser muy escasos y si no se cuenta con aportaciones personales será muy difícil conservarlos en unas condiciones mínimas de habitabilidad”, explicaba Represa, encargado del Archivo Municipal de Ciruelos de Cervera. Un pueblo en el que no ha habido ningún nacimiento desde el ya lejano 1983. Una localidad que en las últimas tres décadas ha perdido el 50% de su población. En definitiva, Burgos, un páramo rural.

Página 2 de 2

Creado con WordPress & Tema de Anders Norén