Historias de pueblo

De un municipio de 25 habitantes al mundo

¿Cómo hablar de protectores de estómago, cochinos y dictadores en sólo dos horas?

Un bar cualquiera de un pueblo burgalés cualquiera. Un domingo cualquiera. Y una conversación que de cualquiera no tiene nada.

El escenario no puede resultar más sencillo. Un bar. Da igual cuál. En la provincia de Burgos. Dos hombres de mediana edad apuran un chorizo y un poco de pan al tiempo que beben vino tinto con gaseosa. En las aproximadamente dos horas que después pasan juntos mantienen una conversación de lo más surrealista.

Son dos horas que dan para mucho. Juzguen si no. Hablan de temas tan dispares como la matanza del cochino y la independencia de Cataluña. También de la despoblación que sufre Castilla y León. De repente, citan nombres como Antonio Machado o Marine Le Pen. Y sólo unos segundos más tarde rememoran su infancia de monaguillos. Sí, todo esto en 120 minutos. Saltan de un tema a otro a una velocidad endiablada.

Vamos por partes. Uno se arranca a hablar sobre los protectores gástricos, tipo omeprazol. ¿No había un tema mejor para un domingo lluvioso de otoño? El otro contesta que no los ve nada lógicos y cuestiona por qué no inventan, por ejemplo, un antibiótico que a la vez actúe de protector. ¡Lo que se pierde la ciencia!, pienso mientras los escucho.

Después le toca el turno a los cochinos. O más bien a la obligación de solicitar autorización al Ayuntamiento correspondiente si se sacrifica el cerdo en casa. En la matanza doméstica, un veterinario autorizado debe inspeccionar la carne de cerdo para que el consumo sea seguro. Pues bien, todo eso no convence para nada a uno, mientras el otro insiste en que más vale prevenir.

“Muchos cerebros se han quedado en la cuneta por luchar por la democracia”

Y de una tradición pasan a otra. Esta tiene que ver con la iglesia. Ya se han bebido el café y están con el chupito. Uno bebe coñac y el otro, orujo de hierbas. El del coñac recuerda que de pequeños todos querían hacer de monaguillos porque luego recibían una propina, pero a él el cura sólo se lo pedía en las misas que se celebraban de lunes a viernes. “Los fines de semana y, sobre todo, si había bautizos o bodas, les mandaba a otros”, dice con retintín.

Poco después, entran en política. Es el gran tema. No podía fallar. Todo el mundo opina de un gobierno tal o cual y los bares de los pueblos no son una excepción. A continuación, el diálogo alocado que entablan:

– En este país han matado a muchos cerebros. Gente inocente, modelos a seguir.

– ¿Quién los mató?, cuestiona el otro, que pide el segundo chupito de hierbas.

– Los mataron a todos y los tiraron a las cunetas de cualquier manera. Por ejemplo, a Machado, insiste el primero. Y añade: “Cuando se va un cerebro lo siento mucho. Se va una sabiduría de la hostia”.

– ¿Pero quién los mató? ¿O quién los mandó matar?

– No lo sé. Cuando mataron al sargento yo estaba en los cojones de mi abuelo. Así que no me preguntes si fue la derecha o la izquierda. Yo te digo que fueron asesinados. Mira, ahora hay naranjitos.

– Ponnos un chisme, se limita a decir su interlocutor.

Un trago después, retoma la conversación. Siguen con política. Pero con un giro de 180 grados.

– Lo que nos ha costado tener una democracia. España se rompe…

– Por eso te he dicho antes que muchos cerebros se han quedado en la cuneta por luchar por la democracia. Que tienes a Le Pen a las puertas, mira lo que ha pasado en Brasil [donde el ultraderechista Jair Bolsonaro asumirá la presidencia el 1 de enero] y Vox en Andalucía. No sé si estás en la onda.

– Con todo esto, ¿qué me quieres contar?

– Que van a mandar dictadores.

– ¿Qué dictadores hay ahora en España?

– Pues más de cuatro hay en las empresas. Se está haciendo un cocido en Europa

– Pues a la hora de votar te lo piensas.

– Ya te he dicho que no voto. Y que no me toque estar en la mesa [el día de las elecciones]. Te pagan 60 euros, pero yo no quiero su dinero. ¡Vete tú y si no sus hijos o sus queridas!

– No sé ya ni de lo que me hablas, se da por vencido el otro.

No acaba ahí la cosa. Tampoco la bebida. Sacan a colación a la ministra de Justicia, Dolores Delgado, la tesis doctoral de Pedro Sánchez, retoman el desafío independentista, hablan de los políticos presos, citan a Rajoy y las prejubilaciones en la banca. “Les dan 20 millones y que se ría el mundo. Y aquí estamos nosotros mileuristas o con 600 euros. Eso, eso es de lo que te tienes que dar cuenta”, subraya el de coñac, que desde hace un rato se ha pasado al ron con limón.

Y por si fuera poco, se despiden con otra mini conversación gloriosa.

– ¿Quién soltó a los topillos?, suelta de repente uno de ellos en referencia a la plaga que hubo en Castilla y León en 2007.

– Sería con avionetas.

– Esos los soltaron, no son un fenómeno de la naturaleza. Al final hubo invasión. Entonces estaría Aznar de presidente.

– Personaje más impresentable no he visto.

– Que yo no soy del PP.

– Puedes ser de lo que quieras. En la vida, simplemente, hay que ser agradecidos.

Cuando parece que van a terminar, uno saca a relucir el nombre de Ruiz-Mateos y el Opus Dei. Después de relatar corruptelas varias, suelta una frase cargada de verdad, de mucha verdad. “Con un cura no puede un pueblo, con dos curas ni dios y con una comunidad como la de Silos ni la Santísima Trinidad”.

Ahora sí, los dos se despiden. Y el mensaje, pese a las discrepancias, converge: “¡Qué bien vivimos los de los pueblos!”.

 

Mi pueblo tampoco tiene banco ni cajero automático

Conseguir efectivo en pequeñas localidades, como Ciruelos de Cervera, es casi una misión imposible. Caja de Burgos es la única entidad que da servicio, pero solo una vez al mes. Un millón de ciudadanos no tiene acceso a una oficina en su lugar de residencia.

Ciruelos de Cervera (Burgos) no tiene bancos. Nunca los ha habido y todo apunta a que nunca los habrá. Tampoco hay cajeros automáticos. Simplemente son una quimera. Es uno de los 3.246 municipios de España que no cuenta con ningún tipo de sucursal. Como en el resto de pueblos donde la despoblación avanza sin que nadie le ponga remedio, la edad media supera los 60 años, los baches ‘decoran’ los ya de por sí difíciles accesos por carretera y está alejado de cualquier polo industrial. Le separan 32 kilómetros de Aranda de Duero. Hasta Burgos capital son casi 69 kilómetros, 200 a Madrid y alrededor de 220 a Bilbao.

Por no hablar de servicios básicos… En teoría, el médico acude dos veces a la semana. Sin embargo, en muchas ocasiones la visita no se produce hasta los 15 días. No hay escuela, hace décadas que cerró. Y el cura (al margen de la categoría de servicios básicos), no ofreció misa ni el Día de Domingo de Ramos.

Como publicaba el periódico El País el pasado 6 de mayo, la crisis financiera ha causado el cierre de miles de sucursales, “sobre todo en pequeñas localidades cuyos habitantes tienen dificultades para conseguir efectivo”. Aunque el cierre no ha afectado directamente a Ciruelos (puesto que nunca tuvo banco), sus habitantes, unos 25 en pleno invierno, no tienen fácil el hecho de obtener dinero en metálico.

Un trabajador de Caja de Burgos se desplaza hasta el municipio el segundo lunes de cada mes. Es la única oportunidad para sacar dinero. Si alguien se olvida o no puede, por ejemplo, porque esté enfermo, mala suerte. Toca esperar cuatro semanas. Se dice pronto. El financiero atiende en un despacho que habilita el propio ayuntamiento. Una vez acaba en Ciruelos, continúa la ruta por la zona. Hace unos años también daba servicio la Caja de Ahorros del Círculo Católico. Hoy solo lo hace Caja de Burgos, absorbida por CaixaBank. Además, hay que tener en cuenta que para la gente mayor resulta bastante difícil tener que desplazarse a un municipio cercano. Muchos no conducen y apenas hay autobuses. En Ciruelos, la única ruta tiene Burgos como destino: dos horas de ida y otras dos de vuelta, cuando en coche el trayecto dura unos 50 minutos.

Las provincias que sufren una mayor exclusión financiera son Zamora, Ávila, Burgos, León y Palencia

En total, 1,13 millones de ciudadanos no tienen acceso a una oficina en su lugar de residencia, cerca de un 20% más que antes de la crisis, según el informe El acceso a los servicios bancarios en España, publicado por Joaquín Maudos, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Valencia. Son el 2,4% de la población española. Como recuerda Maudos, “ahora funcionan las mismas sucursales que en 1983, lo que supone retroceder casi 35 años”.

Como recoge el estudio, la mayor exclusión financiera está en Zamora, Ávila, Burgos, León y Palencia. Aunque existen otros canales para acceder a los servicios bancarios, como las tarjetas o la banca online, la brecha tecnológica hace prácticamente imposible su uso. El acceso a las tecnologías de la comunicación es casi nulo. En el caso concreto de Ciruelos, la mayoría de la población, de entre 65 y 85 años, no dispone de ordenadores y apenas de móviles. Sobra decir nada más.

Además, son personas con un uso tradicional del dinero en efectivo. En los bares no se puede pagar con tarjeta. Los panaderos, que acuden cada día de Valdeande y Tubilla del Lago (a unos 12 y 14 kilómetros), y venden desde la furgoneta, también cobran en efectivo. Igual que el carnicero, cuya visita, ya sea procedente de Covarrubias o Huerta de Rey, se produce un día por semana. Hay quienes, acostumbrados a tropezar con un sinfín de cajeros automáticos, pasan por alto este panorama. Pero lo que queda claro es que la falta de oficinas bancarias complica la vida en los pueblos. Otro trastorno más en la España vacía.


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Tati, un soplo de vida para Fuentepiñel

Con apenas 55 habitantes en invierno, la localidad segoviana disfruta de un tabernero de lujo y de sonrisa eterna. Cuentan los vecinos que “ha traído mucha vida”. Se llama Marcelino, tiene 34 años y regenta el bar “El reloj” desde hace casi cinco años. 

“Antes de entrar deje bretes, chismes, enredos, envidias. Así será bienvenido”. El lema no podía ser más claro. Quien lo pregona es Marcelino, el único tabernero del municipio segoviano de Fuentepiñel y al que todo el mundo llama y conoce como Tati. Siguiente consigna: “Hola, sonríe, sé feliz”. Y vaya si lo consigue. Sus casi cinco años al frente del bar “El reloj” han sido un auténtico chute de pasión.

No hay más que ver la fama que tienen las meriendas que celebra cada lunes con los vecinos de un pueblo que en invierno no supera los 55 habitantes. “Es un día muy nuestro, de juntarnos”, dice, mientras abre el archivador en el que guarda cada una de las convocatorias. Lo pone sobre la barra de su pequeña taberna y recita: “Mira, esto fue un exitazo: 58 apuntados en una cata de vinos”. Entre ellos, “el Chotillas, el cronista oficial y el Farruco”. En medio de una pila de papeles, resulta que el 7 de enero de 2013 cenaron liebre con arroz (cazada por Eugenio, que la pilló con el coche) o que unas semanas después tocó manillas de lechazo. Congrio guisado, codornices o cochinillo completan el menú de las citas vecinales. La más grande, advierte Tati, “siempre” es en San Isidro.

“Ha dado un cambiazo al pueblo, ha traído mucha vida“, detalla su madre, María Luisa. Cuenta que hasta hace poco se encargaba de hacer los pinchos para el bar: tortilla de patatas, de escabeche, morcilla o flamenquines. No se olvida de las empanadillas, “que les encantan”. Asimismo, recuerda emocionada que todo lo que ella ha logrado ha sido “a fuerza de trabajo” y, por eso, ahora se deshace en halagos con un hijo, el más pequeño de seis, que sigue sus pasos. “Tati es muy abierto, la gente le quiere mucho“. Y él, fiel a a su forma de ser, responde con otra de sus frases marca de la casa: “Un abrazo es el mejor regalo y es talla única”.

“Me interesa que cuando los vecinos vengan al bar pasen un rato agradable”

Lemas todos ellos que decoran el bar “El reloj”, propiedad del ayuntamiento. La cantina es una especie de fábrica de recuerdos entre los que no falta el libro de “La Botica de la Abuela”, múltiples cachavas colgadas en la pared, alguna que otra boina o un teléfono de ruleta. Cuenta con cinco mesas y unos cuantos taburetes en la barra. La Biblia, El Quijote y Darwin comparten estantería. Y cómo no, sus queridos relojes. Uno, con forma de sartén, marca la hora de India. Otro, un caracol, da la hora de Madagascar. Y al fondo, presidiendo el local, su frase estrella: “Por pequeño que sea un pueblo, cada uno queremos al nuestro”. Caldea el ambiente con una estufa de leña y no vende tabaco.

“Aprendo mucho de todos”

Cada día atiende a entre dos y diez personas en el vermut. La hora fuerte es la del café, cuando se juntan unos 17 fuentepiñelanos. “Suele haber una partidilla al tute. Si no hay gente suficiente, me siento yo a jugar”, cuenta. Ya por la tarde-noche recibe a otros diez vecinos como máximo. Los fines de semana es otra historia. “Me interesa que cuando vengan al bar pasen un rato agradable“, añade. Con quien, precisamente, pasa muchas tardes “mano a mano” es con Justino, un vecino de 88 años que, como el propio Tati reconoce, le da “mucha vida”. Eso sí, asegura que de todos aprende mucho. De hecho, es lo que lleva haciendo desde el 19 de mayo de 2012, cuando asumió las riendas del bar.

Él, educador social de profesión, decidió un día que le apetecía probar otras cosas. Al principio, estuvo trabajando 103 días sin librar. El que menos, metió 13 horas y media seguidas. “Es cuando me he sentido con más fuerza”, menciona con una sonrisa imborrable y acompañado por su particular guardia pretoriana: los perros Cosita y Surco, y la gata Hazaña.

“Por pequeño que sea un pueblo, cada uno queremos al nuestro” es uno de sus lemas

Ahora, cierra la tarde del martes y otra camarera le sustituye miércoles y jueves. Defiende que “un día en el pueblo es muy bonito, rutinario, pero muy bonito”. Fuentepiñel, además de dos ermitas y una iglesia, también tiene asociación cultural. Hasta allí llega el panadero, dos pescaderos y un frutero. Mientras, el médico les visita martes y viernes. Hay cuatro ganaderos, un alguacil colombiano y ningún pastor. Diecinueve bodegas animan un pueblo que el pasado junio vio como un rayo dinamitó un corazón de Jesús situado en lo más alto de la iglesia. “Sonó como una bomba, aquello fue salvaje”, rememoran los vecinos. Entre ellos, Librada, la antigua lechera.

La porra de cada fin de semana es otra de sus actividades que mejor acogida ha tenido. Hay 68 apuntados, también de pueblos de alrededor. En total, ha repartido más de 13.000 euros y el bote más grande, de 3.128 euros, lo dio el 18 de enero de 2015.

¿Y el futuro?

Aunque disfruta día a día y solo echa cuentas a final de año, admite que “dentro de diez años quedarán pocas personas en el pueblo y el negocio no será viable”. Puede que esté abocado a abrir únicamente los fines de semana, a excepción del verano y la Semana Santa. Aun así, él se sigue viendo en Fuentepiñel puesto que la tranquilidad del pueblo le relaja. Por verse, también se ve al otro lado de la barra: “Lo planificaría de otra forma. No me imagino con 50 años sirviendo las cañas a mis amigos. Quizá sí como jefe y contratando a alguien”.

Con la mente puesta quién sabe si en el menú de la próxima merienda, se despide con un último lema: “Que esta casa sea para los invitados un lugar de paz y tranquilidad”. Lo desea Marce, “un terremoto“, en palabras de su madre. Ya saben: “Sonrían y sean felices”.

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Félix no tiene con quién pasear

El suicidio demográfico es una realidad en la localidad burgalesa de Ciruelos de Cervera. Su habitante más longevo cree que en dos años desaparecerá el pueblo. “En la España de toda la vida abundaban los niños y predominaban las familias numerosas. No éramos un país rico, pero vibrábamos de vida. Así fue hasta hace un cuarto de siglo o poco menos. Ahora vivimos en un país donde cada vez se peinan más canas y en el que la chiquillería brilla por su ausencia”.

Félix tiene 85 años. Nació un 2 de mayo en Ciruelos de Cervera, Burgos. La Segunda República apenas tenía 18 días de vida. Es, o mejor dicho era, el sexto de ocho hermanos. Después matiza: el octavo de diez. El primero de la saga falleció con tan sólo tres meses y al segundo se lo llevó un ataque de meningitis a los siete años. Mientras bebe una manzanilla en pequeños sorbos recuerda que, según le contaron, nació en su propia casa y que durante el parto su madre recibió la ayuda de “la Isidora, la madre del Mauro”.

Actualmente, sólo su hermano Pancracio, de 82 años, y él viven. Apenas coinciden unos días al año, casi siempre en verano, cuando éste se escapa de Barcelona. “Esta vez le vi bastante bien, oye”, dice tras aclarar que hace un tiempo estuvo “entre Pinto y Valdemoro” por una afección en el hígado. Él, por su parte, apunta que siempre merienda un yogur a las siete de la tarde y que no come mucho porque “no es bueno”. En su dieta no faltan las judías una vez a la semana y el pescado para la cena: “Me mantengo entre 80 y 81 kilos”.

“En dos años este pueblo desaparecerá, nadie tiene ilusión por él”

Félix es también el más longevo de todo el pueblo. Allí vive los 365 días del año. Hoy, aquel chaval que creció rodeado de 70 mozos pasea sólo por las calles de Ciruelos. Lamenta no tener con quién hacerlo, al menos en invierno, cuando el municipio no supera los 25 habitantes. Asegura que está “aburrido” de ver la televisión pero si hay una película del oeste no la perdona. “Muchas veces estoy solo y no tengo con quién hablar”, continúa para poco después soltar su premonición: “En dos años este pueblo desaparecerá, nadie tiene ilusión por él”. Puede que no le falte razón. Al menos las estadísticas están de su lado. Los últimos datos del INE, publicados esta semana, revelan que en el primer semestre del año vinieron al mundo 1.305 burgaleses y fallecieron 1.926. “Todo tiene un principio y un final en esta vida y hay que llevarlo lo mejor que se pueda”, dice al tiempo que apura la manzanilla.

Abril del 48

Mientras tanto, prefiere hablar del pasado. Dice que recuerda mejor lo que sucedió hace 70 años que lo que hizo ayer. Y da buena muestra de ello. Recupera su época de estudiante en una escuela, la de Ciruelos, en la que había cerca de 40 mozos y unas 50 mozas. La melancolía vuelve a apoderarse de él: “Fíjate y ahora nadie”. Él, uno de los pocos solteros de entonces, habla incluso de que “alguna vez sí tuvo novia” pero aquello no cuajó. Cambia rápido de tema. Evoca otros episodios. Y sin saber muy bien porqué se arranca a hablar sobre el fuego que arrasó la pedanía de Briongos. “Estábamos el Apro y yo tomando el sol fuera del corral cuando apareció el Clemente con la bicicleta para avisar de que había fuego. No sabíamos si creerle porque entonces lo decían muchas veces aunque fuera mentira”.

En el primer semestre de este año vinieron al mundo 1.305 burgaleses y fallecieron 1.926, según el INE

Ambos decidieron poner rumbo hacia Briongos. A pata, eso sí. “Adelantamos a la Toribia y a la Lauren que iban a lavar la ropa y llegamos los primeros”, dice haciendo alarde de su memoria. Y continúa: “Allí estaba el Hilario, que nos tiró por la ventana unas alubias, tampoco muchas, y después le dijimos que saltara él porque si no iba a arder. Después fuimos a la casa del tío Sotero y antes de tirarse nos echó unos garbanzos y unas sartas de chorizos”. Tampoco pasa por alto que “el Piano” y el tío Sotero se subieron al tejado o que el maestro se desplazó en macho hasta Oquillas (a unos 20 kilómetros) para llamar a los bomberos. “Tardaron, por lo menos, tres horas en llegar”. El fuego arrasó el 75% del pueblo. Fue un 6 de abril de 1948.

“Los curas eran terribles”

Accidentes al margen, también tiene tiempo para hablar de las juergas que se corrían de jóvenes. “Algunos las preparaban de mil hostias”, espeta. Habla del Carnaval y de que nunca llegó a disfrazarse porque estaba prohibido. En una ocasión, cuenta, el cura arrancó las máscaras “a tortazos” a una cuadrilla que se saltó el veto y después el alcalde les impuso como arresto que le llevaran “un viaje de leña”. Por si hubiera dudas se encarga de mencionar que lo partían con hacha, “no como ahora”, y de lanzar una pulla a la Iglesia: “Los curas de entonces tenían un poder terrible”.

Vuelve a mirar el reloj. Son las siete menos cinco. Ya lo había advertido. Siempre merienda a en punto. Se planta el gorro y muleta en mano se acerca hasta la barra para dejar la taza de manzanilla ya vacía. “Hasta otro rato”.


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Contra la violencia de género: educación

Carmen le plantó cara. Isabel también dio el paso. Raquel le dijo adiós al miedo. Y Daniela decidió que no aguantaba más. Son testimonios positivos, mujeres que han ganado la batalla a la violencia de género. No se consideran víctimas sino supervivientes y sobre todo, un activo para alcanzar la tan ansiada igualdad. ¿Su fórmula? Educar en gestos pequeños y cotidianos. Hoy se celebra el Día Internacional de la Eliminación de Violencia contra la Mujer.

Flickr: Anna Pallarès | CC BY-NC-ND 2.0

“Es muy gratificante ver cómo damos vida a las mujeres, porque cuando llegan, lo hacen por los suelos”. Son palabras de Carmen Vidoera, de la Fundación Ana Bella. Ella sabe bien lo que es la violencia de género, la sufrió en sus propias carnes durante unos años que le parecieron siglos. Hoy, esta lacra que se ha cobrado la vida de 866 mujeres en los últimos 13 años en España, ya forma parte de su pasado. “A la larga todas lo superamos. Aunque es algo que siempre va contigo, te haces fuerte”, dice esta andaluza que se separó con 49 años después de 30 de matrimonio. Cuenta también que su marido nunca le dejó que trabajara para frenar su independencia y que lo suyo fueron malos tratos psicológicos: “Fui yo la que decidí que no aguantaba más porque ya no veía otra salida que la muerte”.

Actualmente, Carmen es secretaria de la Fundación Ana Bella y ayuda a que otras mujeres superen la violencia de género como ella misma fue capaz de conseguirlo, con un testimonio positivo. “No puedes llorar toda la vida por lo que te ha pasado. Hay que mirar la parte positiva, ahora nosotras tenemos una capacidad especial para el lenguaje no verbal”, dice con voz firme al otro lado del teléfono. “Tu vida es tuya y puedes hacer lo que tú quieras. La vida es muy bonita viviéndola como tú la quieres vivir y no como te impongan”.

“Muchos hombres siguen creyéndose que son la última palabra a la hora de imponer una orden”, sostiene Miguel Lorente

La suya es una fundación que trata de empoderar a mujeres supervivientes de violencia machista para que actúen como agentes de cambio social hacia la igualdad. En sus ocho años de existencia, han atendido a un número incalculable de mujeres. Por teléfono, personalmente o por correo electrónico. “Ven que tú también lo has pasado y estás luchando, eso las anima muchísimo. Tenemos empatía, tratamos de escucharlas y si no tenemos tiempo, hacemos por tenerlo porque cuando esa mujer viene es porque en ese momento necesita que la escuchen”, cuentan desde la Fundación.

No entiende de excepciones

La violencia de género no hace distinciones. Nada tiene que ver con pobreza o riqueza. En su manifestación de violencia económica o psicológica se da en toda clase social y sector. Se ejerce porque algún hombre no quiere que su mujer decida dirigir por sí misma su propia vida. Es una cuestión de posesión. Las cifras son escalofriantes. El número de denuncias en el último lustro rondó las 600.000. Sin embargo, de cada diez mujeres que mueren a manos de su pareja, siete u ocho no habían denunciado. “Quizá por presiones, por dependencia económica o emocional, por miedo, por no confiar en la administración de justicia…”, según la presidenta del Observatorio contra la Violencia del Consejo General del Poder Judicial, Inmaculada Montalbán.

“Existe una bolsa oculta de maltrato que no acaba de emerger. Los agresores juegan con el factor sorpresa, y eso no se puede evitar”, añade Montalbán en referencia a la Ley Integral contra la Violencia de Género. Y es que seis años después (estas líneas se escribieron en el verano de 2012), persisten fallos en la protección de quienes sí dieron el paso, pero vieron cómo sus agresores quebrantaron el alejamiento sin el consentimiento de la víctima. Sin embargo, Montalbán no duda en aportar un rayo de luz y esperanza. “Vamos por el buen camino. Nada tiene que ver el escenario actual en la lucha contra la violencia de género y en avance de derechos de la mujer con lo que había en la década de los 80”. Un mérito que, en palabras de la portavoz del CGPJ, pertenece a la sociedad española y a los medios de comunicación por dar voz e imagen a las víctimas y situarlo en la agenda como problema público.

“La vida es muy bonita viviéndola como tú la quieres vivir y no como te impongan”, dice una superviviente

Lo fundamental, según los expertos, es intervenir en la fase de prevención. Desde muchos ámbitos, y evidentemente también desde la educación. Puede que no sea la solución a todos los males pero sí una poderosa arma a disposición de las personas. Pese a haber contribuido a generar desigualdades de género unida a la tradición y cultura, es también el medio para llegar a una igualdad más que deseada, necesaria. Una educación basada en las cosas pequeñas y cotidianas, en no reírse, por ejemplo, de chistes machistas. “Se empieza con la educación de los niños desde pequeños y después se logra el compromiso de los jóvenes”, apuntó Michelle Bachelet, directora ejecutiva de ONU Mujeres.

“Estar acostumbrados a la violencia pasa factura. Cuando un niño pequeño pega a una niña, normalmente, la respuesta que encuentran es que a las niñas no se las pega. No, a las niñas no se las pega, ni a los niños tampoco”, expone Mónica Núñez, educadora social de Mensajeros de la Paz. Así, continúa: “Cuando son dos niños los que se pegan de pequeños o se insultan, muchas veces son jaleados e incluso sus familiares lo toman como un juego y se ríen; pero cuando esos niños llegan a la adolescencia o a ser adultos y continúan pegándose, ya nadie se lo toma a risa, empiezan los problemas”.

¿Dónde están los machistas?

“En la clandestinidad, disfrazados, mimetizados con el ambiente. Pero por todas partes”, sintetiza Enrique Gil Calvo, sociólogo y autor del libro El nuevo sexo débil. Lo que sucede, sostiene, es que el machista posmoderno es impecable en sus formas. Usa guantes y no deja huellas. Practica un machismo condescendiente. “Muchos hombres siguen creyéndose que son la última palabra a la hora de imponer una orden”, sostiene Miguel Lorente Acosta, médico forense y profesor de la Universidad de Granada. “Hemos cambiado pero no lo hemos hecho en lo esencial. Tenemos que ser más críticos y más profundos en los cambios”, asiente el que fuera delegado de gobierno para la Violencia de Género.

Defiende que los maltratadores deben saber que no hay impunidad, que los malos tratos no se toleran y señala como prioritario trabajar con ellos para evitar que reproduzcan situaciones similares con la misma u otra pareja.

¿Cómo potenciar una educación igualitaria?

Es la pregunta del millón y propuestas no le faltan. Es un trabajo en equipo, de todos y todas para todos y todas. Abarca a centros escolares, núcleos familiares, medios de comunicación, política, sociedad… Es como el aire que respiramos, está presente en todos los ámbitos. Las proposiciones van desde el cuestionamiento de ciertas conductas que aún permanecen en el aula hasta nuevas asignaturas.

“Hemos cambiado pero no lo hemos hecho en lo esencial. Tenemos que ser más críticos y más profundos en los cambios”, dice Lorente

“Veo necesario que se empiece a impartir una asignatura de Educación Igualitaria que además debería ser obligatoria. Puedes enseñar a analizar una frase o aprender miles de teoremas, pero no tener ni idea de saber tratar a las personas, y lo que es peor, considerarles como inferiores y encima verlo normal”, apuntala Núñez, educadora y especialista en temas de igualdad social. “No tiene sentido que se premie y califique la inteligencia de una persona y no estar formándola como tal, nadie se esfuerza por enseñar a ser persona”, sostiene al tiempo que añade que se debería potenciar esta asignatura como principio base de cualquier programa educativo.

De potenciar una educación igualitaria, también sabe mucho el Instituto de la Mujer que publica guías de sensibilización e igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Otra opción destacable son las guías de lenguaje no sexista desarrolladas por Universidades. “Sé que a muchas personas les parece estúpido distinguir entre masculino y femenino, pero yo le doy mucha importancia a saber utilizar un lenguaje no sexista y seguiré utilizándolo porque me identifico con ello”, afirma Mónica Núñez, quien recomienda a Nunila y su libro Cuentos para antes de despertar.

Educación también en lo digital

La violencia contra las mujeres se encuentra en todas las esferas de nuestra sociedad, y lo digital no es una excepción. Fórmulas como el menosprecio o el abuso se intensifican por el factor del anonimato en las redes sociales, algo que puede dejar a los maltratadores en la impunidad. “Ellos van de duros y ellas, a veces por tratar de ponerse a su nivel, por no saber decir no o porque desean agradar, entran en relaciones dañinas de las que no saben salir”, declara Rocío Carmona Horta, psicóloga especializada en género.

“Veo necesario que se empiece a impartir una asignatura de Educación Igualitaria que además debería ser obligatoria”

Carmona también ve la educación como el mejor antídoto contra la violencia de género. “La buena educación ayuda a prevenir todo tipo de inconvenientes y delitos. Las redes sociales son herramientas fantásticas, siempre y cuando se usen adecuadamente. Las alternativas no pasan por prohibir ni meter miedo, sino en educar”, concluye la psicóloga.

Más ejemplos positivos

Junto con España, mencionada como ejemplo a seguir por el Parlamento Europeo en su último informe, cabe destacar otros dos casos más: Nepal y Guatemala. El Fondo Fiduciario de la ONU para poner fin a la violencia contra las mujeres, administrado por ONU Mujeres, es la principal fuente en cuanto a subsidios para aplicar estrategias innovadoras. En Guatemala, un beneficiario del Fondo puso en marcha un proyecto de formación para niñas indígenas, que abogó por la erradicación de la violencia en sus comunidades.

Otro ejemplo es el de Nepal, donde un beneficiario trabajó con hombres para que reconsiderasen sus nociones de masculinidad y aprendiesen técnicas de comunicación con sus parejas. La campaña “El marido más comprensivo”, emitida por la radio nacional, hizo que se quintuplicase la cantidad de hombres en apoyar la lucha contra la violencia machista.

Al margen de convenios, fondos de la ONU y proyectos de ley, la lucha contra la violencia de género pasa fundamentalmente por un cambio de mentalidad, por los detalles del día a día, por un nuevo rumbo, por emplear el filo óptimo, por enseñar a ser personas, por no mirar hacia atrás y en esto, no hay antídoto con más eficacia: la educación. Que la desigualdad sólo sea biológica y no en derechos y deberes.


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Cómo malvivir 11 años junto a una finca de vacas ilegal

Un matrimonio de un pueblo de Segovia denuncia que la explotación ganadera colindante a su casa no cumple ninguna norma urbanística, ni de trato animal, ni de salubridad y que tanto ayuntamiento como Junta de Castilla y León se lavan las manos: “Es una condena que nos ha caído”.

Imagen de la finca ganadera colindante a la casa de José Romera

Imagen de la finca ganadera colindante a la casa de José Romera

Cuando José y su mujer decidieron mudarse a la pequeña localidad segoviana de Riaguas de San Bartolomé, que apenas supera los 12 habitantes en invierno, no imaginaban la que se les vendría encima. Once años después, la ilusión de vivir en el entorno rural ha dado paso a la desesperación. La culpa la tiene una finca ganadera colindante a su casa. Ya se percataron de ello antes de comprar su chalet. Sin embargo, tras hacer las averiguaciones oportunas en el Ayuntamiento y la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León, les confirmaron que la instalación era ilegal.

Frente a ellos vivía entonces el primer teniente de alcalde, quien también les ratificó la ilegalidad de la finca y estimó en una semana el tiempo que les quedaba allí. La explotación no cumplía ninguna norma urbanística, ni de trato animal, ni de salubridad o acumulación de residuos. Aquel plazo de una semana, sin embargo, se ha hecho eterno. Lo único cierto es que han pasado los años y ellos continúan viviendo pared con pared con las vacas. Además de no poder abrir las ventanas en verano por la acumulación de insectos, no tienen más remedio que pisar una mezcla de heces, sangre y barro para entrar en su propia casa.

En este periodo de tiempo han acumulado informes de las autoridades sanitarias certificando la insalubridad de vivir allí y alertando de los riesgos de filtraciones de agua y enfermedades por distintos vectores. El ayuntamiento, por su parte, que hasta hace apenas cinco años obvió su responsabilidad a la hora de otorgar licencias, vigilar actividades, asegurar el bienestar animal y la salubridad del área urbana, emitió un informe contrario a la ubicación de la citada explotación de vacas. Sin embargo, “no ha hecho nada más en pos de restituir la situación y nosotros seguimos viviendo en una situación de grave insalubridad“, lamenta el afectado, José Romera.

“El ayuntamiento no ha querido recurrir a la Diputación o a la Guardia Civil por miedo a los dueños de la finca”, asegura Romera

Asimismo, el Procurador del Común ha emitido varias sentencias a su favor que “han sido desoídas”. Romera asegura que la Consejería de Agricultura y Ganadería, responsable en materia de trato animal y garante de las buenas condiciones de las instalaciones ganaderas “también ha obviado su responsabilidad”. Este periódico se ha puesto en contacto con dicha administración y una semana después aún no ha recibido ninguna respuesta. La Consejería de Medio Ambiente, emisora del informe de insalubridad, tampoco escapa a sus críticas. “Todos se lavan las manos permitiendo la situación”, se queja tras recalcar que les han “robado” once años de una casa “que no hemos podido disfrutar”.

“Al borde de la desesperación”

Ahora, el matrimonio ha decidido que no tiene miedo. “Peor no podemos estar”, agrega Romera. Por ello, han dado un plazo de un mes a Ayuntamiento, Diputación y a las Consejerías de Agricultura y Medio Ambiente para subsanar una situación que, según dicen, les mantiene “al borde de la desesperación”.

En caso de que todo siga como hasta ahora, el siguiente paso será denunciarles. “Yo no les hubiera dado ni cuarto de hora pero los abogados dicen que debe ser así. Tendrían que haber impulsado el cierre de la instalación porque ellos tenían constancia de que allí no se podía vivir”, explica el afectado. Y remata: “Es terrible. Estamos donde queremos. Hacemos 200 kilómetros diarios para ir a trabajar y cuando llegamos a casa lo que queremos es descansar y disfrutar, no hemos venido a fastidiar a nadie, pero las administraciones varias no hacen su trabajo y están impidiendo que vivamos con dignidad. No se puede vivir así”.

“El ayuntamiento tiene miedo”

Preguntado por los motivos que se esconden tras la indiferencia de las administraciones, Romera lo tiene claro: “Somos un pueblo muy pequeño, la gente se conoce desde hace mucho. El ayuntamiento no ha querido recurrir a otros medios como la Diputación o llamar a la Guardia Civil por miedo, miedo a la reacción de estos señores [los dueños de la finca de vacas]”. Casi a renglón seguido insiste en que ellos tras muchos años de no saber qué hacer han decidido que no tienen miedo y comenta que entre sus amigos el chiste es que su situación derive en un nuevo Puerto Hurraco. “Todo el mundo espera cualquier tipo de reacción cuanto menos violenta de los propietarios de la instalación. El ayuntamiento nunca se ha atrevido a sacar de ahí a una gente cuya actividad es ilegal”, completa.

“Si no se resuelve nuestro caso, vamos a hacer que a la gente le dé vergüenza”, dice el afectado

En este sentido, Romera añade que uno de los hermanos propietarios de la finca le reconoció sin tapujos que el problema no era con ellos sino con el pueblo porque “se les había fastidiado muchas veces”. “Esto me lo dijo con la más absoluta tranquilidad”, añade. Recuerda además que poco después de llegar a Riaguas de San Bartolomé la gente hablaba de algún enfrentamiento que habían tenido con ellos y que alguno le había seguido “dándole palazos encima del coche”. “El problema es que el miedo del ayuntamiento lo estamos pagando nosotros. Si tienes miedo para qué te metes de alcalde, nadie te obliga”, se queja Romera.

A sabiendas de que no tenían licencia, aseguran que las vacas están “con las heces hasta la barriga y que los animales que nacen caen sobre mierda nada más nacer”, el matrimonio decidió por las buenas dar un periodo de tres meses a los propietarios. “Se supone que llos buscarían una nave para instalarse en otro sitio y a nosotros nos pareció bien. Pasado ese tiempo, no se fueron y el ayuntamiento tampoco les obligó. Ha sido un cúmulo de despropósitos“.

“Es una condena que nos ha caído”

Visto lo visto, dicen que se han planteado que si no se resuelve su caso, “vamos a hacer que a la gente le dé vergüenza”. Señalan que aparte de no poder abrir las ventanas en verano, tampoco pueden salir a su jardín a cenar. “Hay cientos de moscas y mosquitos, por no hablar de las picaduras que sufrimos…”. Otros días, dice Romera, las vacas se saltan y están por su puerta. Después de cosechar, se les ha llegado a acumular una pila de paja de ocho metros en su puerta trasera e incluso se les pinchó una de las ruedas del coche con una de las agujas que utilizan para vacunar a las vacas. “Nadie se hizo responsable”, apunta.

Si la situación no mejora, se plantean incluso abandonar su casa. “Si no hay más remedio, claro”. “Es nuestra primera casa, conseguida con mucho esfuerzo, y de repente, descubres que no puedes salir ni a la calle. El problema que tenemos ahora es que compramos la casa en un momento en el que las cosas valían lo que valían y que como todos los pringados que se hipotecan a 30 años, ahora tenemos una deuda con el banco y es muy difícil que podamos irnos a otros sitio”, dice afligido. “Claro que nos lo planteamos pero, ¿cómo lo haces? Es una condena que nos ha caído”, concluye.

17 días después de publicar este reportaje en marzo, recibí esta respuesta: “Ya no hay vacas. Gracias por la enorme función de servicio público que desarrolláis la prensa con vuestra presión”.


leticia.nunez.nunez@gmail.com

@leticianunz

El Sáhara Occidental, sin solución 41 años después

Hoy se cumplen 41 años de la espantada española del Sáhara Occidental. Más de cuatro décadas sin encontrar un remedio, sin celebrar el referéndum que permita al pueblo saharaui ejercer su derecho a la libre determinación y, por ende, 41 años de inestabilidad que afecta a todo el Magreb.

Fachada de una jaima en la que se puede leer "la esperanza vence al miedo" en los campamentos de refugiados saharauis

Fachada de una jaima en la que se puede leer “la esperanza vence al miedo” en los campamentos de refugiados saharauis

Desde que en noviembre de 1975, el régimen moribundo de Franco cediera la administración del territorio del Sáhara Occidental a Marruecos y a Mauritania y se comprometiera a organizar un referéndum que respetara el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, ya han pasado 41 años. Y ni ha habido referéndum, ni tampoco se ha respetado el derecho del pueblo saharaui a elegir su destino. Es más, su situación ha empeorado sobre todo a nivel de derechos humanos y la historia ya apenas interesa a nadie. Es algo marginal.

Se trata, además, de uno de los pocos procesos pendientes de descolonización, y constituye, por ello, un ejemplo de pizarra de lo que es, o mejor dicho, debería ser, el ejercicio del derecho a la libre determinación. Los que aún tienen dudas o traten incluso de escurrir el bulto deben saber que no hay vuelta de hoja: España tiene una considerable responsabilidad en la tragedia de los saharauis.

Nuestro país tiene la obligación jurídica de promover el ejercicio del derecho a la libre determinación del pueblo saharaui, pues es, de iure la potencia administradora del territorio. Como ya señalara la Asamblea General de Naciones Unidas, un Estado no pierde la condición de potencia administradora, ni queda liberado del cumplimiento de las obligaciones que se derivan de ella, por el simple hecho de afirmarlo. Un argumento ya clásico es que Madrid mantiene una posición de ‘neutralidad activa’ ante el conflicto. Pero la neutralidad en Derecho no existe: quien no apoya su cumplimiento, “está apoyando su violación”.

Mis conclusiones sobre el Sáhara

Hace cuatro años escribí mi tesina sobre el Sáhara Occidental, en el marco del Máster en Relaciones Internacionales que estudié en la Universidad Complutense, y hoy, con motivo de tan aciago aniversario, os dejo las conclusiones que obtuve entonces y que por desgracia siguen siendo válidas:

Desde el inicio del conflicto en 1975, la situación en el Sáhara Occidental no ha variado significativamente. Si bien el proceso de paz iniciado en 1988 estableció un alto el fuego permanente que se ha mantenido sin graves alteraciones desde entonces, la realidad de una ocupación ilegal se ha ido consolidando a lo largo del tiempo. Hoy las perspectivas de solución siguen siendo mínimas: la única luz al final del túnel es que España asuma sus responsabilidades como potencia administradora.

Sin embargo, tras más de 300 días con un gobierno en funciones no parece que sea el momento adecuado para desviar la atención hacia otros asuntos y mucho menos hacia algo olvidado y enquistado como es el conflicto del Sáhara Occidental. Por tanto, las perspectivas para llegar a una salida son prácticamente nulas.

En lugar de cumplir con sus responsabilidades como potencia administradora, España opta de forma indiscutible por utilizar la cuestión saharaui, de alta carga política en nuestro país, para hacer oposición e intentar desgastar al Gobierno. La defensa del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui es un caso de política de principios, popular ante la opinión pública y un elemento clave para hacer campaña, pero complicada de llevar a cabo en la práctica diplomática del día a día.

“La descolonización del Sáhara Occidental culminará cuando la opinión de la población saharaui se haya expresado válidamente”

Es difícil imaginar que el Partido Popular mantenga actualmente una postura muy combativa en la cuestión saharaui. Simplemente recurrirá a la doctrina internacional que pocos o nulos resultados ha aportado hasta el momento, tal y como se ha venido haciendo en los últimos 41 años. Los partidos siguen apelando al respeto y apoyo absoluto a las acciones y decisiones de Naciones Unidas como justificación última de su postura.

-Cambio de actitud-

Algo que es condición necesaria pero no suficiente. Naciones Unidas debería reconocer que por sí misma, o al menos con los mecanismos dispuestos hasta ahora, no es capaz de encontrar una solución. Dado que el conflicto no se puede perpetuar de manera indefinida, debería optar bien por dar un paso más allá y reforzar su doctrina o por invitar a Marruecos, el Frente Polisario y Argelia a negociar una resolución del conflicto sobre los principios que consideren necesarios para llegar a un acuerdo. Es intolerable que su papel se limite a aprobar resoluciones de forma anual olvidándose del asunto hasta el año siguiente. Si verdaderamente quiere desbloquear el conflicto, se necesita un cambio de actitud y mucha voluntad.

Es difícil imaginar que el Partido Popular mantenga actualmente una postura muy combativa en la cuestión saharaui.

Un deseo que tampoco demuestra la Unión Europea ya que tiende a resguardarse en el remedio de la ayuda humanitaria, permitiendo la supervivencia de los refugiados saharauis, pero apaciguando su conciencia y marginándolo entre las prioridades de la agenda internacional. La posición de la UE es tan falsa como miope. “Falsa porque, pese a pretender ser exquisitamente respetuosa con el Derecho Internacional, lo viola y contribuye a que su violación por el Estado ocupante se perpetúe en el tiempo, sacando además buen provecho de la situación. Y miope porque es evidente que en poco o en nada contribuye a solventar uno de los problemas más graves que sacuden el mundo en este lugar de desencuentro entre Europa y África, entre el mundo occidental y el musulmán”, tal y como apunta Juan Soroeta Liceras.

La actitud de la Unión Europea es especialmente grave y alarmante ya que lejos de contribuir a disminuir la tensión existente en una zona del Mediterráneo de un valor estratégico tan crucial, la alimenta peligrosamente atendiendo a intereses estrictamente económicos, prolongando de forma innecesaria el sufrimiento de un pueblo que arrastra casi cuatro décadas de ocupación militar y exilio.

-“Juguetes en manos de Argelia”-

Al final las expectativas de arreglo han alejado a los saharauis de su derecho a decidir sobre su propio destino. Marruecos no contempla otra solución que no sea su propuesta de 2007. Todo lo que ofrece es un plan lleno de agujeros negros que les otorga las principales competencias y que por encima de cualquier aspecto no da la posibilidad de elegir al pueblo saharaui otra cosa que no sea la autonomía. Rabat enterró tanto las opciones de independencia e integración y ahora sólo tiene ojos para la autonomía, el punto medio entre ambas alternativas, según Marruecos para unos saharauis que son juguetes en las palmas de Argelia y que ya no tienen la decisión en sus manos.

Rabat enterró tanto las opciones de independencia e integración y ahora sólo tiene ojos para la autonomía

El del Sáhara Occidental es uno de los conflictos más antiguos del mundo y uno de los más abandonados. Las cuatro décadas de bloqueo y los casi quince años previos de guerra convencional lo han convertido en uno de los denominados conflictos congelados con apariencia remota. “El Sáhara Occidental sigue siendo algo marginal a los ojos de la Comunidad Internacional pero tiene y seguirá teniendo un impacto negativo en el contexto subregional en el que se ubica. Por todo ello es importante considerarlo como una asignatura pendiente, que pone en entredicho el normal funcionamiento de la Comunidad Internacional junto con los sacrificios humanos y materiales que ha conllevado y que conlleva”. Al margen de lo que debería ser y no es, no se puede obviar el altísimo precio que están pagando unos saharauis que tienen que soportar el exilio, el aislamiento y la pobreza.

-Sin referéndum no hay solución-

“La descolonización del Sáhara Occidental culminará cuando la opinión de la población saharaui se haya expresado válidamente”. Estas fueron las palabras que Jaime de Piniés, Embajador de España ante Naciones Unidas, pronunció el 26 de febrero de 1976 coincidiendo con la retirada española. Hoy esas palabras siguen siendo legítimas y es que una resolución del conflicto que no pase por el sufragio universal de los saharauis, y sólo de estos, no será nunca una solución definitiva, sino un mal remiendo.


Para más información: leticia.nunez.nunez@gmail.com

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Íñigo es la idea más brillante de toda España

El emprendedor malagueño, de 28 años, ha diseñado un traje que sirve de segunda piel para aquellas personas que, cómo él, sufren la enfermedad de “piel de mariposa”, un síndrome de fragilidad extrema de la epidermis.

Íñigo de Ibarrondo

Íñigo de Ibarrondo

Él sólo quería irse de viaje al Caribe con sus amigos. Y vaya sí lo consiguió. Era 2009, se encontraba en el ecuador de su carrera universitaria y la “enfermedad de piel de mariposa” no fue un obstáculo para que Íñigo de Ibarrondo cruzara el charco. Apenas unos meses antes de poner rumbo a Puntacana diseñó un traje con “unas medias para varices modificadas” que hace de segunda piel para quienes, como él, sufren epidermólisis bullosa. Desde entonces, no ha parado de trabajar para refinar un proyecto que ha bautizado como TXR, pero sobre todo, para conseguir que los afectados por esta enfermedad genética, y a día de hoy incurable, puedan desenvolverse con libertad, “sin tener que preocuparse por las heridas que te puedan salir si haces esto o lo otro”.

Tras mudarse a Madrid para sacar adelante su proyecto, este malagueño de familia bilbaína acaba de recibir el premio a la idea joven más brillante de España en el concurso anual que organiza El Ser Creativo y que patrocina Adecco, dotado con 10.000 euros. Sin embargo, Íñigo, ingeniero industrial, huye de la etiqueta brillante: “Ahí conmigo se han equivocado 100%”. “Esto es algo que se me ocurrió porque me quería ir de fiesta al Caribe”, recuerda bromeando.

Dice que lo suyo no son el orden ni la constancia pero destaca que lo que sí le ha dado esta enfermedad, entre cuyas manifestaciones se encuentran el retraso del crecimiento o complicaciones oftalmológicas y cardíacas, es buscar soluciones en sitios diferentes. “Da pie a mucha creatividad. Soy alguien que me tomo las cosas con filosofía. Detrás hay un ejercicio de paciencia muy importante y útil para la vida diaria”, confiesa. Un “pelín” de creatividad adicional que ahora aplicará al diseño definitivo de esa segunda piel que le valió para irse de viaje pero no para el día a día.

“De la adversidad siempre hay que intentar sacar el máximo jugo a pesar de que lo que tienes que pasar es una putada”

Y es que en el primer diseño incorporó unos corchetes que acabaron dejándole “una bonita cicatriz” en el pecho: “Me hacían más mal que bien. Y eso pasaba con los dobleces en las articulaciones de codos, rodillas… Había que pulir un poco todo eso”. Ahora, su objetivo es que lo pueda usar no sólo cualquier  afectado por la también conocida como “enfermedad de piel de cristal”, sino también quienes hayan sufrido grandes quemaduras.

“Tras estudiar cómo tenía que hacer para que se puedan meter los pies sin tener que friccionar, que la articulación de la axila sujetara pero friccionara lo menos posible cuando se moviera… acabé condensando todo en esta segunda piel”, recuerda el joven de 28 años, que aún debe decidir qué material empleará. Por ahora, asegura que no le preocupa el coste total y señala que una vez se haya hecho realidad buscará inversión para hacer un producto comercialmente interesante.

“Te pone una losa encima”

Reconoce que una enfermedad así, que en la actualidad afecta a unas 1.000 personas en España, “te pone una losa encima en muchos aspectos de la vida”. Así, enumera: “Si me quiero ir de viaje un fin de semana tengo que pensar si voy a poder curar mis heridas, necesito suplementos alimenticios…”. Además, requiere ayuda con las curas de la piel, que suelen asociarse a dolor intenso al despegarse los apósitos y aplicarse los nuevos, según recuerda la asociación Debra, creada por sus padres.

El joven de 28 años ha ganado 10.000 euros que invertirá en un traje que permita a quienes sufren epidermólisis bullosa moverse libremente

Aunque vive solo en Madrid, explica que necesita una “infraestructura muy importante”: “Hay una persona que me ayuda a ducharme, a fregar y limpiar”. Tampoco se olvida de la pesadilla burocrática a la que ha tenido que enfrentarse y, en este sentido, critica que todo el papeleo está ideado “para ver si te cansas y dejas de pedir”. Asimismo, lamenta que hasta hace poco cuando volvía a su casa de Málaga en verano sus padres llegaban a gastarse 2.000 euros en material mientras que la sanidad madrileña sí se lo sufragaba.

Disgustos administrativos al margen, Íñigo aconseja al resto de jóvenes “sacar el máximo jugo de la adversidad” y tener paciencia. Él, aficionado de la pintura y el atletismo, cuenta desde este momento un nuevo hobby: “Ponerme a trabajar como un loco”.


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Burgos, contra el olvido

Hace más de veinte años que no nace nadie en ellos. Hablar de ordenadores resulta una utopía. Muchos no disponen de bares ni de servicios. Las carreteras que los unen son caminos llenos de baches. Dicen estar comunicados entre ellos e incomunicados con el resto del mundo. Los pueblos de Burgos son protagonistas del cruel camino sin retorno de la despoblación. Así lo confirma censo tras censo el Instituto Nacional de Estadística: siete municipios despoblados y diez más que ni siquiera figuran ya como entidades.

Son municipios que buscan una segunda oportunidad. El éxodo rural, la emigración de mujeres, el atractivo de las ciudades, el progresivo deterioro de los servicios e infraestructuras, la ausencia de una red mínima de comunicaciones, la falta de expectativas para los jóvenes y la inexistencia de relevo generacional, son la combinación de causas que explican la despoblación en el medio rural. Causas que sirven para ilustrar la cifra de 2000 pueblos abandonados en España. León, Soria, Guadalajara, Lérida y sobre todo Huesca son las más afectadas por este proceso, al que Burgos tampoco es ajeno.

Castroceniza es un pueblo de 13 habitantes, sus calles están sin asfaltar y la mayoría de las casas, hundidas. Sufren continuas inundaciones por el mal estado de la red viaria de agua y cuando se quedan sin ella sólo les queda acercarse al manantial. No disponen de depósito, mucho menos de bares, el encargado de suministrar las bombonas de butano llega una vez cada quince días. La misma frecuencia con la que reciben al cura. Mientras, la enfermera lo hace una vez al trimestre.

Una de las casas de Castroceniza

Una de las casas de Castroceniza

Juan Carlos Antolín es el médico que les asiste una vez a la semana. Lo hace por voluntad propia ya que una normativa recogida en el Boletín Oficial de Castilla y Léon, datada de 1987, dicta que a los pueblos con menos de 50 tarjetas sanitarias, les corresponde la visita médica una vez al mes.

“Más vale que no te pase nada aquí”, lamenta un vecino de Barriosuso

Timoteo Alonso, a sus cuarenta y cinco años de edad, es el vecino más joven de Castroceniza, donde hace ya veinticuatro años que no ven nacer a nadie. “Está todo abandonado y no atienden a nada”, afirma. El suyo es un pueblo en el que los únicos ingresos provienen de la caza.

En la misma situación se encuentran los habitantes de Peñacoba, una aldea perteneciente a Santo Domingo de Silos. A sus 90 años, Paz Santamaría pasea junto a su perra Raya. Explica que en el pueblo no ha quedado nadie, pero que ella no se irá: “Si quieren venir a verme bien, pero a llevarme no”.

Las ovejas a su paso por Peñacoba

Las ovejas a su paso por Peñacoba

A pesar de todas las carencias y dificultades a las que hacen frente los pobladores rurales, se muestran orgullosos de sus raíces y aunque le ven una complicada solución, aseguran que no cambiarían su modo de vida. “Esto es un paraíso, vives como Dios, ancha es Castilla”, exclama Carlos Cámara, albañil del municipio. La cruz de la moneda la presenta la cobertura telefónica. “Llevo dos meses sin que me funcione el teléfono, no hay cobertura ni antenas, me sale más caro que el azafrán”, concluye el peñacobino. Pero los problemas no quedan sólo en el abastecimiento de agua o de teléfono.

“Hay que hacer que la gente se sienta orgullosa de vivir en un pueblo”

También se enfrentan a inconvenientes relacionados con las carreteras, la sanidad y las telecomunicaciones, aunque el mayor quebradero de cabeza siguen siendo la despoblación y la falta de atractivos para la llegada de nuevos pobladores. “A lo mejor no debemos obsesionarnos con la generación de empleo como única opción para fijar y atraer población. Es algo que vendrá derivado de que la gente disponga de una calidad de vida razonable en el entorno rural”, manifiesta Alberto Gómez Barahona, Licenciado y Doctor en Derecho por la Universidad de Valladolid.

“Esto es un paraíso, vives como Dios”, dice un vecino de Peñacoba

Por su parte, José Luis Ranero López, Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Sarriko (País Vasco), afirma que las personas se dejan cegar por las presuntas ventajas de la ciudad, y son incapaces de apreciar todo lo que ofrecen los pueblos. Ventajas como la falta de contaminación, de atascos o la menor carestía de las viviendas. La calidad de vida viene definida por lo que dictan las modas, algún día puede que cambie en beneficio de los pueblos. Ambos expertos coinciden en señalar la importancia de trabajar un componente psicológico: hacer a la gente sentirse orgullosa de vivir en un pueblo.

Mientras se trabaja este vínculo anímico, la imposición del modelo de vida urbano ha llevado a la progresiva desaparición de pueblos en toda España. En la comarca burgalesa de La Bureba, situada al noreste de la provincia, se contabilizan según el censo del INE, siete municipios despoblados. A esto habría que añadir otros diez que ni siquiera figuran ya como entidades. Algunos de ellos llevan muchos años deshabitados, pero en otros la pérdida de censo ha sido reciente. Quintanilla Cabe Soto, Movilla, Caborredondo, Bárcena de Bureba, Silanes y Valdeornedo han perdido toda su población. Algo parecido ha sucedido con localidades como Morcillo o Soto de Bureba. Frente a los aproximadamente 70 vecinos que tenían en 1960, hoy a duras penas mantienen unos pocos habitantes censados. La presencia humana resulta testimonial.

Vitorina vive sin luz

En Tejada, localidad de la comarca del Arlanza, la densidad de población no alcanza ni dos habitantes por kilómetro cuadrado. Teniendo en cuenta que la Unión Europea considera despoblado un territorio cuando tiene menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado, Tejada es un desierto demográfico. Está biológicamente muerto. La situación de una de sus vecinas resulta increíble. Vitorina Nebreda vive sin luz, su relación con el resto es nula… salvo con el tendero. Cuentan los vecinos que le deja una nota en la ventana con lo que necesita. Una vez éste introduce los víveres por la reja, Vitorina le paga y ahí termina su contacto con el mundo.

“El futuro de los pueblos no es muy halagüeño”, según un sociólogo

Saliendo de Tejada, dirección Santo Domingo de Silos, aparece Barriosuso. El acceso es complicado, su carretera no mide más de dos metros de anchura. Lo habitan cinco personas. No disponen de autobús para acercarse a Burgos. El médico tampoco llega hasta allí sino que son los propios vecinos los que deben desplazarse hasta el pueblo más cercano. “Más vale que no te pase nada aquí”, lamenta Martiniano Santamaría, vecino a temporadas, ya que el invierno lo pasa en la capital junto a sus hijos.

Plaza mayor de Barriosuso

Plaza mayor de Barriosuso

Otro de los problemas de la inminente desaparición de estas aldeas es el abandono de todo el bagaje histórico, cultural y patrimonial que atesoraban. Un estado de deterioro irreversible en el que han caído muestras de arte románico de extraordinaria calidad. Dice el refrán que quien tiene padrino, se bautiza. Pues bien, en Quintanilla de las Viñas sus dos o tres vecinos se mantienen atados a la vida gracias a la ermita visigótica que acopian. La localidad cuenta con un ermitaño que, según comentan los vecinos, gana más con las propinas de los turistas alemanes que con su sueldo. “Como aprieta la ermita, arreglan la carretera, sino estaría totalmente abandonado”, comenta Jacinto Eras, residente del municipio.

Ermita de Quintanilla de las Viñas

Ermita de Quintanilla de las Viñas

“En 15 años quedarán totalmente vacíos”

Puede que la última oportunidad para seguir con vida sea su conversión en lugares de residencia vacacional y de descanso. Son muchos los vecinos que han reformado su casa o construido nuevas viviendas, acudiendo al pueblo siempre que sus trabajos se lo permiten. Pese a ello, el 75% de la población rural supera los 70 años. “El futuro de los pueblos no es muy halagüeño”, decía el que fuera sociólogo y antropólogo de Ciruelos de Cervera, a apenas ocho kilómetros de Tejada. “Creo que en quince ó veinte años los pueblos, durante la mayor parte del año, van a quedar totalmente vacíos”. Vacíos durante el año pero con ciertos halos de luz y de esperanza en épocas veraniegas, con motivo de las fiestas patronales, de algunas tradiciones como las marzas o en Semana Santa. Puede que muchos queden abandonados absolutamente y se limiten a reseñas en las carreteras, en los mapas o en el carné de identidad de sus antiguos moradores.

Con el verano llegarán las bicicletas pero, ¿y durante el resto del año?. “Si los pueblos ven reducir su padrón de habitantes, los recursos para mantenerlos decentemente van a ser muy escasos y si no se cuenta con aportaciones personales será muy difícil conservarlos en unas condiciones mínimas de habitabilidad”, explicaba Represa, encargado del Archivo Municipal de Ciruelos de Cervera. Un pueblo en el que no ha habido ningún nacimiento desde el ya lejano 1983. Una localidad que en las últimas tres décadas ha perdido el 50% de su población. En definitiva, Burgos, un páramo rural.

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