Historias de pueblo

De un municipio de 25 habitantes al mundo

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Carlos, el médico rural que resiste

Antes, el médico del pueblo era toda una autoridad. Hoy, casi casi es una especie en peligro de extinción. El doctor Carlos Hernando atesora una experiencia de más de 40 años, siempre en el medio rural y siempre en las provincias de Burgos y Soria. Habla sin tapujos: advierte que el relevo generacional de profesionales sanitarios rurales no está asegurado, que la reestructuración de la Junta de Castilla y León implicará el cierre de numerosos consultorios y que, pese a la teórica igualdad de derechos, esto no se cumple en los pueblos. En este panorama cobra aún más mérito que haya decidido seguir un año más y no jubilarse. Su deseo para la sanidad rural es que ayude a frenar la despoblación por algo muy sencillo: “La vida rural es muy bonita”.

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Carlos Hernando es el médico de Gumiel de Mercado y La Aguilera

– ¿Qué balance haces de estas cuatro décadas como médico rural?

– Exactamente son 42 desde que terminé la carrera en 1978. Es un balance positivo porque es algo que me gusta, pero a la vez lleno de cambios muy importantes dentro de la profesión de medicina rural.

– ¿Qué es lo mejor y lo peor de ser médico rural?

– Lo mejor es el trato directo con los pacientes. De hecho, tienes un trato tan directo que aparte de lo meramente profesional, a veces haces una medicina con un componente social muy importante ya que les conoces muy directamente, conoces sus casas y prácticamente todo de ellos. Como negativo destacaría el aislamiento y la falta de medios.

– ¿Por qué crees que en estos momentos los médicos jóvenes no quieren ir a trabajar a los pueblos?

– Principalmente por la falta de incentivos. Es más incómodo, te encuentras más aislado y seguramente que si no hubiera un déficit como el que hay actualmente se llenaría todo. Pero si tienen donde escoger, se decantan por la parte más cómoda, que es vivir en una ciudad. Social y familiarmente se tienen más medios.

– ¿Cómo se les podría incentivar para revertir la situación?

– Pienso que puede haber incentivos económicos. De hecho, tiene que haberlos. Y luego algún incentivo de valoración, bien que puntúe algo más a nivel de oposiciones o de méritos profesionales. Todo esto tiene que ir acompañado de una planificación buena y, por supuesto, que en los pueblos existan más servicios de tipo complementario como pueden ser telefonía, internet, comunicaciones…

– Hablando de planificación, ¿hay disposición a hacer una buena planificación por parte de la Junta de Castilla y León?

– La planificación se debería haber hecho hace años. Un médico no se forma ni en dos años, ni en cuatro, ni en seis. La planificación viene de atrás. Ahora mismo resulta difícil que a corto plazo pueda haber más médicos, a no ser que haya una importación, por decirlo así, de otros países. Hubo una época en la que hubo muchos médicos y por falta de incentivos laborales, como puede ser contratos fijos o incentivos económicos, la gente se fue a otros países, de los cuales será difícil que vuelvan.

A nivel inmediato, hay que incentivar económicamente a los médicos rurales y aumentar las comunicaciones en los pueblos

– Las condiciones aquí no son tan buenas…

– Exactamente. Por eso, el déficit se compone de dos factores: los que se fueron y que es difícil que regresen y luego la falta de formación en cantidad en las facultades. Se tenía que haber planificado anteriormente. La calidad en cuanto a formación es muy buena, a nivel mundial está reconocida. Pero hay un déficit. Además, bastantes se jubilarán o nos jubilaremos muy pronto.

– ¿Por dónde habría que empezar la planificación teniendo en cuenta el retraso con el que se haría? ¿Por dónde meter mano a este problema?

– A nivel de las facultades, ya no podemos hacer algo inmediato. A nivel inmediato, hay que incentivar económicamente y aumentar las comunicaciones. Que el médico tenga más medios en los centros de salud y se encuentre en un grupo con ilusión para poder seguir formándose.

– ¿Cunde el pesimismo?

– Sí, porque en estos momentos la gente es bastante mayor y los más jóvenes tiran hacia ciudades. Así que sí, la medicina rural es pesimista.

– ¿Podría decirse que a la medicina rural llegan quienes no han podido optar a otras especialidades o verdaderamente quienes están en los pueblos lo han elegido?

– Ahora mismo el que puede irse a una ciudad se va. Antes no. Yo, por ejemplo, he podido estar muchísimas veces en ciudades, pero me gustaba más la medicina rural por el trato más directo y una medicina más directa con el paciente. Pero hoy día seguramente sí. Para ir a la medicina rural, como no se cambien ciertos incentivos, va a ser secundario, va a ir gente que en un porcentaje muy alto no puede ir a la ciudad.

– ¿Al menos está asegurado el relevo generacional?

– No, no. El relevo generacional ahora mismo no está asegurado. Pienso que a corto y medio plazo seguirá el déficit. No va a haber relevo. Es preocupante. El medio rural tiene unas características específicas, siendo los dos principales problemas el envejecimiento y la despoblación. Cada vez hay menos habitantes y, por tanto, también se necesitan menos médicos.

– La otra cara de la moneda es el cierre de consultorios rurales. Esto, sin duda, es la puntilla para muchos pueblos de toda Castilla y León.

– No cabe duda de que la falta de servicios, entre ellos el sanitario, influye en que la población se asiente en zonas urbanas. Es la pescadilla que se muerde la cola.

El relevo generacional ahora mismo no está asegurado. Es preocupante

– Actualmente trabajas en Gumiel de Mercado y La Aguilera. ¿Cómo es tu día a día?

– Mi zona básica de salud es Aranda rural, que engloba en torno a unos 40 pueblos. Somos 15 médicos y 10 enfermeras. El centro de salud que actúa como cabecera se encuentra en Aranda de Duero. La jornada comienza yendo al centro de salud a las 8 de la mañana. Nos reunimos, a veces vemos a pacientes… Después, en torno a las 9 o 10 comienzas tu ruta por los consultorios locales.

En Gumiel paso consulta todos los días y en La Aguilera tres días. Terminas sobre las 3. Ahí finaliza la jornada ordinaria. La gente que hace guardias, a partir de las 3 comienza la jornada de atención continuada en Aranda. Este servicio se hace en conjunto Aranda rural y Aranda urbano y abarca desde las 3 de la tarde hasta las 8 de la mañana del día siguiente.

Por supuesto, quien ha hecho guardia libra el día de después y el trabajo de sus consultorios lo asume un compañero de los pueblos de alrededor. Cuando había más médicos ponían sustitutos para las épocas de vacaciones. Hoy, como no hay, los compañeros se tienen que encargar del trabajo de la persona que libra y añadirlo a su trabajo habitual, bien sea total o parcialmente. La carga de trabajo nos ha aumentado considerablemente. También nos ha subido en el sentido de que al agravarse la despoblación se han ido recortando puestos de trabajo. Yo he llegado a conocer 22 médicos y ahora somos 15, así que he visto desaparecer siete plazas en unos 20 años.

– Hay que decir que tienes 65 años y que podrías estar jubilado.

– Sí, he optado por seguir un año más. Me encuentro bien. Hubo una época en la que se obligó a los que tenían 65 años a jubilarse. Fue una política que hizo la Consejería de Sanidad. Mucha gente que quería haber seguido se tuvo que jubilar obligatoriamente. Luego revocaron esa ley y actualmente te puedes jubilar voluntariamente o continuar hasta los 70, siempre que anualmente pases un examen de salud.

– ¿Qué consejos les das a los médicos más jóvenes?

– Mi consejo mayor es que disfruten con la profesión porque si no esta profesión quema mucho. Si no disfrutas con ella, no aguantas. Aparte de tratar mal a la gente, tú mismo tiendes a quemarte.

– Antes de estar en Gumiel de Mercado y La Aguilera, un pajarito me ha contado que trabajaste dos años en urgencias en Aranda. ¿Cómo era aquello de que solo hubiera un médico para todo el servicio de urgencias?

– Estuve en medicina hospitalaria en el hospital de Aranda. Fueron casi cuatro años. El hospital de entonces no tiene nada que ver con el actual tanto en medios materiales como profesionales. Era un hospital comarcal como es hoy, pero con una diferencia de número de profesionales (auxiliares, enfermeras, médicos, celadores…) que no tiene nada que ver. La sociedad entonces exigía menos servicios que actualmente. Hoy habría sido imposible. Había 10 veces menos de profesionales. Las exploraciones complementarias que se hacían tampoco tenían nada que ver. Actualmente se hace mejor medicina.

He podido estar muchísimas veces en ciudades, pero me gustaba más la medicina rural

– Después de Aranda, subiste a Briviesca.

– Estuve otros cuatro años. Saqué unas oposiciones de asistencia pública domiciliaria. Éramos funcionarios civiles del Estado, luego pasamos a la comunidad autónoma. Yo cogí la zona de Briviesca. Estando allí pasamos a depender de la Junta de Castilla y León. Todavía era medicina individualizada, no había centro de salud, entonces cada uno tenía su zona, sus cartillas y sus pacientes. En común solo hacíamos las guardias de fin de semana: desde el viernes por la tarde hasta el lunes por la mañana. Guardias, por cierto, que no eran remuneradas. Nos juntábamos cuatro o cinco para poder tener un fin de semana libre.

Luego ya hubo otro concurso de traslado y me trasladé otra vez a la Ribera del Duero, concretamente a Langa, el primer pueblo de Soria. Allí estuve seis años. Estando allí nos integraron en el centro de salud de San Esteban de Gormaz. Por las mañanas iba al centro de San Esteban y hacía guardias tanto en San Esteban como en Langa. Seis años después, en el siguiente concurso de traslado, pedí Aranda rural y cogí Gumiel de Mercado. Fue en el año 93. Es decir, llevo allí 27 años. Desde hace cinco, al jubilarse el médico de La Aguilera, me hice cargo también de ese pueblo.

– Así que los vecinos de Gumiel y La Aguilera estarán temblando solo de pensar que te puedes jubilar…

– El día que me jubile, no tienen tan seguro de que eso seguirá como hasta ahora. Puede ocurrir que metan a un interino y todo siga igual o puede ocurrir que no haya gente y se lo acumulen a un pueblo vecino, con lo cual la frecuencia de consultas disminuiría. Podría darse el caso de que con la reestructuración que planea la Consejería de Sanidad esto cambie. No sé cómo va a terminar.

Los planes que tiene la Consejería ante la despoblación y el déficit sanitario es hacer una reestructuración basada en tres tipos de consultorio: habría un consultorio en la cabecera de comarca, donde siempre habría un médico o dos o los que correspondan y se haría la atención continuada (las guardias); el segundo nivel serían consultorios agrupados, similares a los colegios rurales agrupados, que tendrían una consulta diaria y se dotarían con más medios; y el tercer nivel serían los consultorios de proximidad.

Dicen que no van a desaparecer, pero no cabe duda de que los médicos irían lo mínimo. No habría consulta a diario en municipios de menos de 50 habitantes. 100 habitantes sería un día a la semana. Para que todo esto funcione es necesario implantar un servicio informático ágil y rápido. Todavía hay muchos consultorios offline. Vamos con portátiles, no estamos en tiempo real, luego hay que sincronizarlos… En algunos sitios el programa que usamos es realmente lento y se bloquea muchas veces.

– ¿Se puede ejercer la medicina a distancia?

– Algunos casos se podrían resolver. También es verdad que es muy difícil implantar estas medidas por el tipo de población que tenemos, muy envejecida. Hace años se intentó poner la cita previa y muchas personas no se aclaraban, por lo que terminaban haciendo consultas a demanda.

– ¿Una reestructuración de este tipo no va a acabar ‘cerrando’ muchos pueblos?

– Seguramente que sí. Es difícil que la Junta reconozca de entrada el cierre de ciertos consultorios, pero hay muchas zonas con poblaciones inferiores a 50 habitantes, por ejemplo, en el norte de Burgos, en las que el médico va a dejar de ir al consultorio. Será a demanda. Todo esto va a cambiar y ahí seguramente esos consultorios terminarán desapareciendo, aunque digan que no (la Junta).

– ¿Os han consultado los técnicos que están diseñando esta reestructuración¿ ¿Tienen en cuenta la voz de los médicos rurales?

 – Hasta ahora no. Yo no conozco a nadie que le hayan consultado. Incluso los sindicatos se quejan de que no les han consultado. Lo hacen meramente en plan técnico y un poco ateniéndose al personal que tienen y a las características de la población. Los colegios de médicos también se han quejado.

– ¿Eso genera frustración?

– Sí, sí. Ellos dicen que tienen que actuar con lo que tienen y que no hay más mimbres que los que hay para sacar adelante la asistencia sanitaria.

Aunque todos somos iguales, la realidad es que los derechos están disminuidos a nivel rural

– ¿Sientes que muchas veces prima la gestión económica frente a la igualdad de derechos independientemente de donde vivamos?

– Totalmente. Si nosotros comparamos la igualdad de derechos a nivel rural y urbano no cabe duda de que en lo rural hay un déficit mayor. Aunque todos somos iguales, la realidad es que los derechos están disminuidos a nivel rural.

– Después de oír todo este panorama, tiene todavía más mérito que hayas decidido continuar como médico rural.

– Me encuentro bien y es algo que me gusta. No me doy ningún mérito.

– Carlos, si nos remontamos aún más en el tiempo, hay que decir que estudiaste Medicina en Valladolid y que estuviste a punto de empezar la carrera con 16 años…

 – Pues sí, es verdad. Fue un poco adelantado. Empecé demasiado joven. Igual tenía que haber empezado más tarde y me lo habría pasado mejor. El caso es que terminé la carrera a los 23 años. Entonces no había problemas de trabajo. Mis dos primeros pueblos fueron Villatuelda y Terradillos. Acabé los estudios en junio y en julio ya estaba allí trabajando, hasta septiembre porque luego en octubre me tocó hacer la mili. Había estado con prórrogas. En estos pueblos no había centro de salud. De pronto, te encuentras tú solo ante el peligro. Tenía que hacer de médico, enfermería… Tú solo las 24 horas durante todos los días de la semana.

– ¿Recuerdas a tu primer paciente?

– Perfectamente. Me había examinado por la mañana del examen de licenciatura en Valladolid y por la tarde me tuve que ir corriendo a pasar consulta. Había una señora esperando en la puerta y me dijo: “Tiene que venir a cambiar la sonda a mi padre”. Fui con ella a cambiarle una sonda vesical que tenía permanente. Al verme tan joven, la señora me preguntó si sabía cambiarla. Me pidió que tuviera cuidado porque otro médico le había causado una hemorragia. Se la cambié bien, pero la mujer estuvo con los cinco sentidos. Me decía todo lo que tenía que hacer por si no lo sabía. Me veía tan jovencito que no se fiaba.

– Cuando acabaste la carrera no había el MIR que conocemos ahora…

– Justo se implantó al año siguiente. Existía una forma de especialidad que era colegiarte y estar dos años de ayudante de un especialista. A los dos años te daban el título de especialista. Después ya empezó a funcionar el MIR y las especialidades tienen que ser vía MIR.

Con la reestructuración de la Junta todo va a cambiar y seguramente muchos consultorios terminarán desapareciendo

– A todo esto, ¿de dónde te viene la vocación?

– Pues no lo sé, la verdad. Siempre me ha gustado. Creo que es algo inherente.

– Lo que sí has sabido es transmitir esa vocación a tu hijo, que también es médico.

– Lo ha vivido desde pequeño, pero curiosamente Carlos de pequeño no quería ser médico. Fue un poco más tarde. Hasta los 15 o 16 años decía que no.

– ¿Qué sentiste cuando se matriculó en Medicina?

– Sentí satisfacción. Si te gusta tu profesión, estás orgulloso de que tus hijos hagan lo mismo. También le dije los pros y contras. Al menos intenté expresárselo.

– Si tuviésemos aquí una varita mágica y pudieras pedir un deseo para la sanidad rural, ¿cuál sería?

– Mejoría y, sobre todo, que sea un servicio importante, que no desaparezca y ayude a que la despoblación no exista. Que sea una ayuda para que se mantenga la población o incluso aumente porque la vida rural es muy bonita.

Marisa y Agustín, mucho más que dos farmacéuticos rurales

A ella le encontrarán en Vadocondes. A él en Zazuar. Dos pueblos burgaleses en los que además de sanitarios, muchas veces ejercen de psicólogos y consejeros con los vecinos. A ellos recurren para casi todo: desde echarles un colirio hasta cuando necesitan hacer una fotocopia o, incluso, con cualquier duda que les surge con el WhatsApp. La clave de su particular receta de la felicidad es sencilla: vocación más medio rural. “Nuestro trabajo es un lujo”, dicen.

Es jueves por la tarde y a Marisa Núñez, la farmacéutica de Vadocondes, le toca hacer ruta por Santa Cruz de la Salceda, La Vid y Guma. Esta vez el recorrido se limita a los dos primeros pueblos, puesto que en el último no hay ni una sola receta que llevar. Cosas de la despoblación. O tal vez de que los cerca de 40 vecinos gumenses gozan de buena salud. Quién sabe.

Antes de lanzarse a la carretera, Marisa prepara todos los pedidos. Una caja de Adiro por aquí. Otra de paracetamol por allá. Recorta los códigos de barras con un cúter y los pega en una hoja aparte. Después, empaqueta todas las medicinas de cada persona en una bolsa de papel, en la que escribe su nombre y grapa el ticket de compra. Un trabajo que se ventila en unos 20 minutos: al fin y al cabo, son cinco encargos en Santa Cruz y uno en La Vid.

Entre tanto, recibe la visita de uno de los dos proveedores de medicamentos que atiende sus pedidos. En esta ocasión, llega desde Burgos. Por las mañanas lo hace otro de Valladolid. Y así todos los días: la primera entrega de medicinas se produce a eso de las 7 de la mañana y la segunda unos minutos antes de las 5 de la tarde. “El servicio es fantástico”, aplaude Marisa, que, tras coger una cajita roja con monedas para el cambio, deja las luces de la farmacia encendidas. De esta forma, los vecinos de Vadocondes saben que regresará en un rato. Ellos mismos le pidieron que lo haga así. Y ella lo cumple. Cuelga en la puerta un cartel con la hora de vuelta aproximada -las 17:40- y comienza el recorrido.

Apenas seis kilómetros separan Vadocondes de Santa Cruz de la Salceda, donde viven unas 50 personas durante todo el año. Cinco hombres, ni uno más ni uno menos, le esperan en la plaza. “Vienes toda pertrechada”, le espeta uno de ellos nada más verla. ¿Será por el chaleco de pieles que viste? Ella a lo suyo. “Florencio, aquí tienes lo tuyo. José María esto es para ti, son 9,25 euros. ¿Qué tal Pedro? ¿Todo bien?”. Antes de disolverse el corrillo, un paisano le invita a un café.

“Aquí la gente es muy agradable. Te valoran y te respetan, es otra mentalidad”, dice Marisa, que apenas lleva 15 meses al frente de la farmacia de Vadocondes tras más de 20 años trabajando en una de Burgos capital, donde lo único que importaba era vender y vender. Llegó a renegar de su profesión hasta que conoció la farmacia rural.

Ahora, más contenta no puede estar. Decidió dar un giro de 180 grados a su vida y ha dado en el clavo: “Es un lujo. Se vive fenomenal. Tienes una calidad de vida que no tiene nadie. No hay apenas estrés, aparcas al lado de casa, el trato con la gente es muy bueno. Todo es más fácil, no se puede comparar con la ciudad”. Marisa tiene claro que “si todo el mundo estuviera en el trabajo como nosotros, esto sería ‘El mundo feliz’”. Ahí es nada.

Agustín también destaca el trato cercano que les permite su trabajo de farmacéuticos rurales: “Con cualquier cosa que necesiten van a la farmacia. Para apretarles el pinganillo del oído o porque no les funciona el WhatsApp. Somos el único sanitario que está todo el día en el pueblo, el psicólogo y todo lo que haga falta. Somos samaritanos”. A lo que Marisa añade: “Tienes que implicarte mucho y que te guste ayudar a la gente”.

Vamos que la rebotica es casi casi como un confesionario. De hecho, dice Agustín, que gestiona la farmacia de Zazuar desde hace 10 años, que muchas personas se acercan para contarle algo que les pasa, se desahogan y se marchan: “Lo mismo están preocupados por una tierra o porque han discutido con su hermano. Les ayudas como buenamente puedes y se van más contentos”.

“Tienes que implicarte mucho y que te guste ayudar a la gente”

El trato es tan sumamente cercano que hay quienes no tienen ningún tipo de pudor en plantarse en la farmacia y bajarse los pantalones para enseñar al farmacéutico una verruga, una herida o lo que se tercie. Cuentan que otros van para que les unten una crema en la espalda y que hay quienes les piden que les echen gotas en los oídos. “Eso es bueno. Refleja confianza”, dicen los dos. No obstante, una cosa no quita la otra y “a veces pasamos más vergüenza nosotros. Ellos no tienen pudor. La farmacia es como su casa”, relatan entre risas. De hecho, apuntan que el 80% de los clientes van a la ‘botica’ en zapatillas de estar por casa.

La cosa no queda ahí. Los vecinos también saben cuando Marisa o Agustín tienen algún día torcido. “Nos notan si nos pasa algo, si tenemos mucho trabajo, si estamos nerviosos por algún motivo…”. Ya ven, la complicidad es total y absoluta.

La ruta sigue. Desde Santa Cruz de la Salceda, Marisa se desplaza hasta La Vid, a 12 kilómetros. También en la plaza le espera Joaquín, que se ocupa de recoger la medicina de su nieto. Lleva una gorra en la que pone “soy motero”, viste un jersey verde y una cazadora de color azul marino, que no se abrocha pese al helador frío de enero. “Adiós Joaquín”, se despide Marisa -encantada con la gente de este pueblo por su especial amabilidad- tras darle un paquete. “Pasadlo bien”, contesta él. Ya sólo queda regresar a Vadocondes: 8,2 kilómetros para ser exactos.

En el caso de Agustín, tiene el botiquín de Quemada y San Juan del Monte, a 2,4 y 5 kilómetros, respectivamente, de Zazuar. A diferencia de Marisa, él no va por las mañanas a los pueblos para recoger las recetas que el médico suele dejar en el buzón, sino que el doctor le llama por teléfono y se las va cantando una a una.Además, junto con otros cinco pueblos tienen contratado a otro farmacéutico –Luis– que trabaja durante todo el año por quincenas en cada una de las siete farmacias rurales ‘asociadas’. Luis les cubre las vacaciones, de 45 días. Y él mismo, obviamente, tiene su mes libre. De él destacan lo buen trabajador y, sobre todo, buena persona que es.

Calidad de vida rural

En líneas generales, Marisa y Agustín trabajan seis horas al día, incluido el reparto por los pueblos. Unas 30 horas semanales. No hacen guardias y tampoco trabajan sábados ni domingos. En verano la historia cambia. Julio y agosto son meses de mucho trajín. La población en los pueblos aumenta considerablemente y con ello el trabajo de los farmacéuticos rurales. No obstante, todo lo que facturan en esos dos meses -en los que sí abren los sábados- les sirve para aguantar mejor el resto del año.

Nada que ver con una ciudad, donde las jornadas tienden a las 12 horas diarias. Nada que ver tampoco con el trato que tienen con la gente. Sí, una vez más el trato. Porque como dice Marisa “aquí no vendes un Frenadol, cobras nueve euros, vendes otro, cobras y sigues vendiendo. Aquí vendo un Frenadol y la persona está 15 minutos conmigo. Prima el bienestar de la gente del pueblo. Yo me encargo de que entiendan bien lo que toman, cuándo lo tienen que tomar y cuántas veces. Si veo que tienen dudas, no se van de la farmacia hasta que lo entiendan”. Conocen a todas las personas por el nombre y a su familia y eso es algo que no cambian “por nada del mundo”.

«Aquí la gente es muy agradable. Te valoran y te respetan»

Agustín se muestra convencido de que “la gente va a tener que volver a los pueblos” dado que ciudades como Madrid se están convirtiendo en un agujero negro en el que cada día es más difícil caber y vivir. Él estudió la carrera allí y tuvo suficiente. Sus raíces estaban y están en Guma y por eso una vez acabados los estudios, volvió al pueblo. Los veranos hizo prácticas en la farmacia de Vadocondes, después trabajó por quincenas en el citado grupo de pueblos y más tarde se hizo con la licencia de la farmacia de Zazuar.

Es una excepción entre sus amigos, quienes reconocen tener cierta envidia al ver que “vive de maravilla”. Él, por su parte, lamenta que mucha gente considere los pueblos como un recreo al que sólo se acude algún fin de semana y en verano. En el caso de Marisa, son al menos cuatro amigas las que trabajan en farmacias rurales.

Excepción o no, ninguno de los dos contempla su futuro fuera de Vadocondes y Zazuar. Están donde quieren estar. Se sienten afortunados. Perciben como propios dos pueblos en los que no nacieron, pero ‘se hicieron’. También se muestran convencidos de que esta zona goza de buena salud demográfica. De hecho, en Vadocondes nacieron dos niños en septiembre y hay otro de camino en julio. “A mí me nació uno en noviembre”, remata Agustín. Ese “me” lo dice todo. Denota implicación, pasión y arraigo a partes iguales. ¿Cómo dos farmacéuticos no iban a tener la receta para vivir bien en un pueblo?

Eduardo Vicario o el arte de lo sencillo

Tiene 39 años, lleva prácticamente toda su vida en Valdeande, es profesor de Geografía e Historia y atesora un relato de orgullo rural con mayúsculas. La fórmula de Eduardo para revitalizar los pueblos combina una vuelta a las raíces, a la esencia, con unas cuantas dosis de sencillez. Es decir, disfrutar de los placeres baratos. “Que un niño vea como crece el cereal y disfrute”, defiende. Porque si algo tiene claro es que gran parte de la verdad y la belleza se encuentran en la naturaleza y las zonas rurales.

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Eduardo Vicario

Eduardo Vicario desde la iglesia de Valdeande

– ¿Por qué vives en Valdeande? ¿Qué te aporta el pueblo que no te da una ciudad?

– El hecho de vivir en Valdeande se resume en que desde pequeñito se crearon y sentaron unas bases que en un futuro jamás te olvidas de ello.

– ¿Siempre has estado en el pueblo?

– Hay algún momento en la vida en que tienes que cambiar de aires. En primer lugar, cuando a mi madre le destinaron al colegio Santa Catalina -en Aranda de Duero- mi hermana y yo tuvimos que bajar a Aranda y esos dos o tres años te acostumbras muy bien, pero recuerdo los primeros días que teníamos tanta nostalgia del pueblo que a mi padre le hacíamos traernos al pueblo durante unas horas un miércoles y después volver a Aranda. Hasta ese punto llegaba el apego y la nostalgia por el pueblo. Nos tiraba mucho. Incluso alguna lágrima caía, sobre todo las primeras semanas. Luego ya fui a la Universidad de Burgos, ya eres más mayor, y lo ves como una experiencia nueva. Eso sí, prácticamente todos los fines de semana volvía al pueblo, salvo algún viaje. No estaba más de 15 días fuera.

– ¿Te ves fuera de aquí?

 – Cuanto más pasan los años, te das cuenta de que te gusta mucho el pueblo. También te planteas la posibilidad de experimentar, pero siempre teniendo como referente un pueblo. El modelo de vida es este: vivir con la tranquilidad que te ofrece el pueblo y no lejos ni de Valdeande ni de Aranda.

– ¿Cómo es vivir en Valdeande? ¿Cuánta gente hay durante todo el año? ¿Qué servicios tenéis?

 – Ahora son unos meses durillos, podemos contar unos 50-60 habitantes. El modelo de vida para mí es muy cómodo. Yo tengo la suerte de acabar la jornada laboral a la hora de comer, lo que te ofrece la opción de tener una tarde larga para compartir con la familia, dar un paseo por la naturaleza… En cuanto a servicios, tenemos panadería, tienda, bar, médico… Es algo que siempre contribuye a fijar población en los pueblos.

– ¿Te sientes un privilegiado por vivir donde quieres y trabajar de lo que quieres?

 – Si te dijera lo contrario te estaría mintiendo. Parece un poco soberbio, pero para mí es un privilegio estar viviendo donde quiero y trabajando cerca de aquí. No todo el mundo lo puede decir. Además, en mi trabajo comparto experiencias con gente que viene de Zamora, de Ávila, Salamanca… y siempre están intentando acercarse a su lugar de origen, algo que yo tengo hoy en día.

Cateto es quien no se entera de cómo se vive realmente en un pueblo

– Eduardo es profesor, hijo de profesora y hermano de profesora. ¿Te influyó mucho tu madre a la hora de elegir carrera?

– Siempre tienes como influyentes a tus padres. Por un lado, tenía a mi padre que era transportista. Me gustaban muchos los camiones y, sobre todo, el hecho de viajar y conocer pueblos pequeños. Es algo que a día de hoy me sigue fascinando. Y, por el otro lado, tenía el tema de la historia y de la educación, de transmitir unas enseñanzas a la gente. De la mezcla de mi padre y mi madre, me quedé un poco con lo que quizá podía ser más fácil. La vida de transportista era dura. A mí como me gustaba la educación, aquí estamos.

– Tú que estudiaste en el colegio rural de Gumiel de Izán, ¿qué recuerdos guardas de aquella época?

– Muy buenos, todo lo que recuerdo de Gumiel es positivo. Hace un par de años volviendo de trabajar de El Empecinado, paré en el colegio de Gumiel de Izán para ver cómo estaba. Les comenté que había estudiado ahí y que mi madre fue profesora. Se portaron genial conmigo. Estaba la misma cocinera, Encarna. Para mí es muy gratificante. Hace un par de años hicieron una exposición de fotos de antiguos alumnos por su 40 aniversario. Recorrí las mismas clases, las eras en las que corríamos con absoluta libertad, no había verjas. Nosotros jugábamos muy libres.

– ¿Qué profesor te ha marcado más? ¿A quién recuerdas con especial cariño?

– En el Colegio Castilla, don Demetrio, muy de la antigua usanza, me inculcó el gusanillo que requieren la historia y el patrimonio. También recuerdo con mucho cariño a Benito Royuela, profesor en el Sandoval. No era muy cercano, pero era un profesor en toda regla, de los pies a la cabeza.

– Puestos a soñar, ¿te gustaría ser profesor algún día en un colegio rural?

 – Hoy por hoy, en cualquier instituto que tenga vínculo con los pueblos, yo estaría muy a gusto. Afortunadamente El Empecinado tiene mucho de eso porque buena parte de los alumnos que van allí son de pueblos. Qué mejor manera de transmitir que tu experiencia vital es una experiencia muy válida y positiva. De hecho, muchos me dicen que les encanta vivir en el pueblo y que el día de mañana quieren ser agricultores o montar una empresa o hacer de guías turísticos. Casi todos los años venimos a Valdeande, hacemos una ruta por el entorno, hemos hecho prácticas medioambientales de recogida de cristales… Siempre que tengan mucho contacto con el medio rural y que sepan lo que es su entorno, potenciar todos los recursos que pueden hacer que los pueblos no mueran.

Muchos alumnos me dicen que les encanta vivir en el pueblo y que el día de mañana quieren trabajar allí

– ¿Y les gusta?

– Creo que sí. Venir a un pueblo y que les propongas ir a limpiar una cañada real o plantar árboles, les sirve para ver alternativas.

– Como alumno y profesor de colegio e instituto rurales, ¿qué diferencias ves entre la educación en el mundo rural y la del mundo urbano?

 – Es probable que las haya. Yo llevo 16 años trabajando en Aranda. Nunca he trabajado en una gran ciudad. Allí se difumina más el contacto con el alumno, no conoces sus orígenes o el pueblo en el que vive el chaval. Aquí, estas Navidades fui a dar una vuelta por Quintanarraya y enseguida el padre de un alumno me reconoció. Tienes contacto con ellos. Te conocen. Es un trato más cercano.

– Y en tu caso, al ser un profesor joven, puede que sea una doble motivación…

 – No tan joven ya (risas). Pero sí. Buena parte de la educación se trabaja no sólo en el aula, sino con actividades alternativas. Con tu supuesta juventud les llevas a hacer cualquier tipo de actividad en los pueblos y también fuera. Suelo ir con ellos a Italia.

– ¿Todavía pesan los estereotipos de quien se queda en el pueblo es un paleto o se ha quedado porque no tenía otra opción o esto ya está cambiando? ¿Alguna vez te han mirado raro por ser joven y vivir en un pueblo?

– Desde hace años lo veíamos cuando venía gente de las grandes ciudades y te enseñaban ropa de marca o una videoconsola y tú parecía que estabas un poco enclaustrado en el pasado. Hoy en día, te mentiría si no creo que hay gente que cree que vivir en un pueblo todavía es… Yo a veces me considero una especie en extinción junto con muchos otros que valoran esto también. Pero vamos, desde luego que la realidad difiere mucho de lo que alguien puede pensar. El cateto es él cuando no se entera de cómo se vive realmente en un pueblo. No saben diferenciar una encina de un roble o de dónde salen los huevos. No todo está en un ordenador. Ven al pueblo, empápate del medioambiente, conoce las tradiciones de tu gente, habla con la gente mayor porque te van a transmitir muchas cosas que no están en los libros… Desde luego que están equivocados.

– Hablando de tradiciones, ¿cuál destacarías de las que se mantienen en Valdeande?

– A mí me gustaría que se conservaran todas. Me viene a la cabeza la bajada de peñas. En nuestra peña, El Gato Azul, vestimos con boina. La procesión de Semana Santa, independientemente de que tengas más o menos creencias, es otra cosa de nuestros antepasados. De hecho, hace nada hice una exposición etnográfica en el instituto a base de preguntar a la gente mayor para saber lo que era un celemín o una zoqueta. Si no conocemos la vida de antes, se perderá. Lo que no se conoce se desprecia.

– ¿Sientes que a la gente mayor le gusta que le pregunten por lo que hacían?

– Por supuesto. Cuando les empiezas a hablar de recuerdos, desde tu humilde ignorancia les vas tirando de la lengua y ellos enseguida se abren y te cuentan. Eso no tiene valor, es incalculable.

– ¿Tus padres son los dos de Valdeande?

– No, mi padre es de Valdeande y mi madre de Tubilla. Tubilla lo llevo en el corazón también. Intento ir cada dos por tres, para estar con ellos. Las raíces jamás se tienen que olvidar.

– Volviendo al tema de la educación, ¿qué crees que puede aportar la educación en el mundo rural, qué valores son los genuinos que podríamos exportar hacia lo urbano?

– Fundamentalmente, una vuelta a las raíces, una vuelta a la esencia, volver a lo sencillo, disfrutar de placeres baratos. Que un niño vea como hay unas gallinas que están comiendo y que disfrute, que vea como el cereal crece. Disfrutar de una puesta de sol. Es lo que se debería exportar. Puedes vivir en una gran urbe, pero sientes que no estás conforme con lo que tienes. Desde mi punto de vista, gran parte de la verdad y la belleza se encuentran en la naturaleza y las zonas rurales.

– ¿Cómo se podría potenciar el orgullo rural?

 – Una buena forma es mostrando que un pueblo está vivo las cuatro estaciones. Hay gente que piensa que un pueblo solo vive los 15 días de verano y Semana Santa. Te dicen ‘no, si aquí luego no queda nadie’. Eso es menospreciar, hay que tener un poco más de tacto. Si hay un incendio o cualquier urgencia, tú avisas a todas las casas vacías para que lo arreglen.

– ¿Sueñas con que el colegio de Valdeande pudiera reabrir sus puertas?

– Sería bonito. Yo tengo fotos de mi madre, que fue la última profesora del pueblo. El colegio lo tengo como un ideal. Era como un monumento, un castillo de educación. Lo ideal sería verlo abierto, pero lo veo muy utópico. Ahora lo tenemos como un lugar en el que se hacen actividades culturales.

Gran parte de la verdad y la belleza se encuentran en la naturaleza y las zonas rurales

 – ¿Cómo crees que se le puede poner freno al problemón de la despoblación? ¿Cómo conseguir que haya más casos como el tuyo?

– Siendo realista, está complicada la cosa. La manera de hacerlo es, por supuesto, teniendo un trabajo cercano. También hay quienes viven en un pueblo y van y vienen a trabajar a la ciudad. No obstante, esto más que por la economía viene por el tema del corazón. No vas a venir a vivir a un pueblo jamás si no tienes afecto. La vía claramente es el afecto.

– Y tú te encargas de meter ese gusanillo a los que tienes cerca…

– Claro, claro, todos los días. Yo les hago fotos: mira qué puesta de sol, mira qué día de niebla. Me encargo de hacer meriendas. En mi peña mucha gente tiene nostalgia de venir. Es el caso contrario a quienes te dicen ‘cómo vives en el pueblo si no hay nadie’.

– Ese primer paso debería ser dar envidia, no pena.

 – Por supuesto. Te pongo un ejemplo: mi hermana trabaja en colegios rurales agrupados de la zona y está encantada por el hecho tan simple de que en lugar de dar clase a 25 o 30 alumnos, tienen en sus clases una ratio de 8 a 10 alumnos, conoce a todos los padres, los niños salen, hacen actividades en el pueblo… Lo ideal sería dar envidia por el trato personalizado que puede tener un profesor con una madre.

– ¿Cómo puede ser que en Castilla y León tengamos un nivel educativo en ocasiones por encima de la media -como refleja por ejemplo el informe Pisa- y se nos siga educando para emigrar?

– Me has dejado sin palabras. Indigna y enerva ver cómo buena parte de los hijos de Castilla no encuentra trabajo aquí y se van a Alemania, Madrid o Barcelona. Las posibilidades que se dan no son las mejores. Cuesta, cuesta.

– Somos fábrica de talentos, pero para el resto de España. Si seguimos por este camino, Castilla y León está condenada a ser un geriátrico.

– Está claro. Fábrica de talentos condenada a ser un geriátrico. Si ves la pirámide de población, la gente mayor ocupa un lugar muy destacado y los jóvenes que se van son cada vez más.

– ¿Hay niños en Valdeande?

– Alguno queda. A ver si aumentamos un poco más.

– ¿Has dado clase a algún chaval de Valdeande?

– Creo que no. O sea, hijo directo. Puede ser algún descendiente un poco lejano. De Tubilla y de otros pueblos de por aquí sí. Te dicen que su abuelo fue fulano, alguien a quien conoces de toda la vida. Es una maravilla y les tratas, si cabe, con más cariño y más aprecio.

Castilla y León es una fábrica de talentos condenada a ser un geriátrico

– ¿Crees que hay esperanza en la deriva? ¿Cómo te imaginas Valdeande en los próximos diez años?

– Hacer conjeturas es un poco aventurado. La realidad es que hay gente joven a la que nos gusta quedarnos aquí y otros a quienes no les gusta quedarse en el pueblo. Para ser honesto, un pueblo tiene que tener vida, pero como dice el refrán, ni tanto ni tan calvo. Las industrias son necesarias, pero a mí no me gustaría ahora que mi pueblo tuviera 500 habitantes con industrias y que hubiera ruido y contaminación. A mí me gusta la vida como ha sido hasta ahora en los 39 años que tengo, he disfrutado muchísimo el pueblo con esta tranquilidad, es un ideal, un paraíso.

– ¿No hay que crecer a toda costa?

– Hay que crecer con un equilibrio, con unas medidas. A mí me gusta el pueblo con los parámetros que ha tenido siempre. Tiene que tener gente, desde luego. Da pena pasear por una calle y que solo haya una casa abierta. Hay muchos salvapueblos que dan soluciones mágicas y luego son un fraude.

– Antes de despedirnos, me gustaría invitar a todo el mundo a conocer Valdeande.

– Todos los pueblos tienen su encanto. Los atractivos es conocerlos, pasear, empaparte de lo que significa cada pueblo, estar con sus gentes… En el caos de Valdeande, llevamos 20 años con la villa romana de Ciella y esta es una buena forma de que nos conozcan. Si vienen les enseñamos también el museo, la iglesia… Todo para que no dejen de oírse las voces de la gente en los pueblos.

Recuerda que puedes escuchar el podcast en iTunes, Spotify, Google Podcasts o iVoox.

Por qué las Highlands de Escocia son un buen ejemplo de repoblación

Escocia demuestra que con medios, compromiso y trabajo la despoblación SÍ se puede revertir. Su red de banda ancha es una de las grandes fortalezas de la región. Entre otras cosas, la conexión a internet facilita el acceso a la universidad sin necesidad de trasladarse a las grandes urbes. ¡Ah! También invierten en ocio y cultura en las zonas rurales. 

Pixabay: iKlick

¿Por qué el trabajo que realizan en las Highlands escocesas es una buena práctica para combatir la despoblación del medio rural? Aquí las razones:

El epicentro del éxito cosechado en las Tierras Altas, con una densidad de población de 7,76 habitantes por kilómetro cuadrado, es Highlands and Islands Enterprise (HIE), la agencia de desarrollo económico y comunitario que el Gobierno de Escocia creó en 1965 con la misión de sacar al territorio del declive demográfico y económico en el que se encontraba desde hacía siglos. Cubre más de la mitad de Escocia.

Una de las claves de su éxito es que es una organización con total autonomía de acción y despolitizada. La HIE participa en el proceso de elaboración del marco estratégico general, contando con las asociaciones y población civil para escuchar sus ideas y propuestas de futuro. Es, por tanto, un buen ejemplo de colaboración entre administraciones públicas, sociedad civil y ciudadanos.

Su consejo de administración es nombrado por el gobierno escocés, pero sus miembros no son cargos públicos o políticos sino personas escogidas por su cualificación y solvencia profesional. Hay abogados, empresarios, técnicos, profesores universitarios, economistas, periodistas… El personal se recluta mediante convocatorias abiertas y públicas de empleo.

La HIE es un buen ejemplo de colaboración entre administraciones públicas, sociedad civil y ciudadanos

Según la Red Española de Áreas Escasamente Pobladas (SSPA), que realizó un viaje a Escocia para empaparse del modelo de la HIE, la agencia desarrolla su actividad dentro de un “amplio consenso político y social y un alto grado de confianza con respecto a su misión”. Prácticamente todas sus acciones las realizan en colaboración con otras entidades públicas, empresas, universidades, administraciones locales y regionales, socios europeos, etc. Hay una cultura de cooperación total.

Como punto fuerte destaca la presencia y acción de la HIE sobre el territorio. La HIE tiene una sede central en la capital (Inverness) y otras siete oficinas territoriales. Entre otras cuestiones, se dedican a identificar los obstáculos legales y administrativos que dificultan el desarrollo integral de los territorios más vulnerables para llevar a cabo una labor de lobby ante las autoridades (sean escocesas, británicas o europeas) y realizar los cambios oportunos.

Población en aumento

Entre los componentes esenciales que trabaja la HIE se encuentra la dotación de infraestructuras y acceso a una vivienda y unos suministros en condiciones asequibles y de calidad. Igualmente pelean por la disponibilidad de servicios básicos (educativos, sanitarios y sociales) para la población, actividades comerciales de proximidad, cierta oferta cultural y de ocio. A todo ello se suma la conectividad (banda ancha y telefonía móvil), un marco normativo en todos los ámbitos (desde la fiscalidad hasta la ordenación de los recursos naturales) y la presencia y generación de actitudes de emprendimiento para mantener el talento y atraer a nuevos emprendedores.

 

La densidad de población de las Highlands es de 7,67 habitantes por kilómetro cuadrado. Su capital, Inverness, suma casi 70.000 habitantes, lo que equivale a uno de cada tres habitantes de la comarca. En total, la región cuenta con 235.200 habitantes. Desde el año 2000 la cifra va en aumento. Además, las proyecciones que manejan las autoridades locales es que las Tierras Altas escocesas alcanzarán en 2035 los 255.835 habitantes, un 15% más que en 2010 (SSPA, 2017).

Día histórico para Teruel Existe y para toda la España poco poblada

Nunca un escaño despertó tanta alegría. Ni tantas sonrisas. Es, casi con total seguridad, el escaño más celebrado al mismo tiempo en numerosas provincias más allá de ideologías políticas. En un momento crucial para España, ha triunfado una lucha común: la lucha contra el olvido, la lucha contra la despoblación. Es verdad que es sólo un escaño, ¡pero qué bien sabe!

Twitter: Teruel Existe

Teruel Existe ha ganado las elecciones en su provincia y obtiene su primer diputado en el Congreso. La agrupación de electores, con el 26,8% de los votos, se ha impuesto a PSOE (25,4%) y PP (23,8%). Gana Teruel, por supuesto. Pero, de alguna forma, también ganan Soria, Zamora, Cuenca, Burgos o Guadalajara.

¡Qué narices! Gana toda España. Absolutamente toda. Sí, porque la despoblación es un problema que afecta a la totalidad el país sin excepción. Unas zonas se vacían y otras se saturan. Así que quienes no se preocupen por la despoblación, quizá deberían hacerlo por la superpoblación.

Así pues, la llamada España Vaciada tendrá voz propia en el Parlamento. Arranca una nueva etapa para los turolenses, tan olvidados durante décadas. La Revuelta del pasado 31 de marzo, que congregó a 100.000 personas en Madrid, no podía quedarse en un suflé. Había que seguir trabajando. Y el diputado de Teruel Existe es un paso más. Un paso de gigante, como ha dicho en rueda de prensa el cabeza de lista, Tomás Guitarte.

Ahora la lucha sigue. Y lo hace con la unión de buena parte de la España poco poblada. ¡Enhorabuena Teruel Existe!

La historia de Teruel Existe

“Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Es la máxima que se puede aplicar al trabajo que en las últimas décadas vienen desempeñando plataformas ciudadanas como Teruel Existe y Soria ¡Ya! Nadie como ellos sabe lo que es la despoblación. Lo viven. Lo sufren en sus carnes. Como también sufren el olvido de la clase política. Por eso, hace mucho que tomaron las riendas para luchar contra el despoblamiento rural hasta situarlo en la agenda social.

Teruel Existe lleva 20 años reclamando un trato justo e igualitario para la provincia turolense, así como inversiones e infraestructuras que permitan frenar la despoblación. Según los datos del INE, Teruel perdió 9.425 habitantes en el último decenio, el 6,56% de su población. Si hace diez años, la provincia rozaba los 144.000 residentes, en 2018 la cifra cayó hasta 134.572 habitantes. De cara al futuro, el INE prevé que Teruel perderá otros 11.000 vecinos hasta 2033, quedándose en torno a los 123.000.

La primera acción reivindicativa que realizó Teruel Existe se produjo el 20 de diciembre de 1999 y consistió en un paro silencioso de cinco minutos en la capital turolense, que fue secundado por unas 20.000 personas, lo que equivalía a aproximadamente el 66% de la población de la ciudad ese año. El titular del periódico El País fue “Teruel existe, pero poco”. El periodista Jorge Rodríguez lo narró así (1999):

¿Qué pasa en Teruel para que más de la mitad de su población se haya echado a la calle para reivindicar un lugar en el mundo al grito de “Teruel existe”? Nada, no pasa nada: ni una autovía, ni una vía férrea que la una con Madrid, ni un helicóptero, ni un avión. Por eso, porque no pasa nada, entre 15.000 y 20.000 personas -la ciudad tiene 31.000 habitantes- se concentraron un buen día en silencio en sus plazas para denunciar “la situación de abandono histórico” de una provincia tan estratégicamente situada en el mapa de España que se ha quedado aislada.

Desde entonces, Teruel Existe ha protagonizado un sinfín de manifestaciones. En el año 2000, se firmó el Pacto de Teruel, por el que todos los grupos políticos se comprometieron a emprender iniciativas legislativas que satisficieran sus reivindicaciones; la plataforma mantuvo una entrevista con el entonces príncipe Felipe de Borbón y otra con la presidenta del Congreso de los Diputados, Luis Fernanda Rudí; así como la recogida de 107.000 firmas bajo el lema “Teruel en los presupuestos ¡ya!”, que entregaron tanto en el Congreso de los Diputados como en las Cortes de Aragón.

En 2001, El Justicia de Aragón manifestó en un informe la necesidad de aplicar una discriminación positiva a Teruel, recogiendo las quejas que previamente le había hecho llegar Teruel Existe. Ese mismo año, 100 personas, vestidas con trajes medievales, se desplazaron hasta Bruselas para realizar una marcha en la que representaron la muerte de la provincia. Un año más tarde, los Reyes de España, en su visita a Teruel, recibieron a la coordinadora. Ya en 2003 se produjo la primera manifestación conjunta de Teruel Existe y Soria ¡Ya! en Madrid bajo el lema “Desarrollo para todos”. Reclamaron que los fondos de solidaridad españoles y europeos fueran prioritarios para estas zonas.

En 2005, el gabinete de Presidencia del Gobierno invitó a Teruel Existe a una reunión en Moncloa para conocer de primera mano sus opiniones sobre la situación de Teruel antes de elaborar el Plan Específico que se había anunciado. Unos días después acudieron a la cita los agentes sociales de la provincia. También en 2005 y con motivo del aniversario de la Constitución Española, la entonces vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, visitó Teruel y se entrevistó con la plataforma. Acontecimientos que ponen de manifiesto uno de los ejes de acción de Teruel Existe: buscar incidencia política.

Gana Teruel, pero de alguna forma también ganan Soria, Zamora, Cuenca, Burgos o Guadalajara

Hay más puntos en el recorrido histórico de Teruel Existe. En marzo de 2008, la plataforma se entrevistó con Mariano Rajoy (entonces líder de la oposición) para exponerle sus demandas. Ya en 2010 se produjo el Primer Encuentro Nacional de Plataformas Ciudadanas que aprobó un decálogo común basado en la cohesión territorial, social y económica, bajo la premisa del desarrollo sostenible y la protección del patrimonio cultural y natural.

Desde 2015 hasta la actualidad, Teruel Existe ha participado en multitud de actos junto al proyecto Serranía Celtibérica por distintos puntos de la geografía española, incluido Zaragoza, donde en mayo de 2018 se congregaron 40.000 personas bajo el lema ¡Salvemos Teruel! Asimismo, en 2018, prestaron su eslogan a Ikea para lanzar una campaña publicitaria. Paco Juárez, portavoz de la plataforma ciudadana, argumentó así tal decisión: “Nos pensamos mucho si aceptar o no, pero nosotros no podemos hacer un anuncio de estas dimensiones: lo único que pedimos a Ikea es que fuera respetuosa con la provincia y que el mensaje fuera positivo”. Ikea no tiene ninguna tienda en la provincia turolense. De hecho, necesitó trabajadores de Zaragoza para rodar el anuncio.

En 2019, la plataforma Teruel Existe ha realizado diversos actos. En enero, por ejemplo, participaron junto con sindicatos, confederaciones empresariales, la Cámara de Comercio, asociaciones vecinales y la Plataforma en Defensa del Ferrocarril en la manifestación en defensa de la provincia que tuvo lugar en la localidad de Andorra. Reclamaron un futuro para las cuencas mineras turolenses ante el cierre de la Central de Endesa. Después, el 11 de febrero, la plataforma, junto a otros colectivos sociales y vecinales de la capital, sacó a la calle a más de 10.000 personas (casi un tercio de la población, puesto que la capital tiene 35.000 vecinos) para exigir un trato de igualdad en sanidad y más médicos especialistas. “Ser pocos no resta derechos” fue el lema.

¿Qué proponen PSOE, PP, C’s y Podemos para luchar contra la despoblación?

Tanto hablar, tanto hablar… Pero, ¿se habló algo de la despoblación en el debate a cinco de las elecciones que se celebrarán el 10 de noviembre? Muy poco, prácticamente nada. Y eso que duró casi tres horas. Y eso, también, que la despoblación es uno de los problemas más graves que afectan en estos momentos a TODA España.

Pixabay: Daniel_Nebreda

El presidente del gobierno en funciones, Pedro Sánchez, fue el que más referencias hizo tanto a la despoblación como al reto demográfico en el debate electoral. En el bloque dedicado a la cohesión territorial, dijo que su compromiso “es luchar contra la despoblación y por el reto demográfico”.

Después, el candidato socialista anunció que si gana y gobierna creará un Ministerio específico que trabajará por la repoblación y el reto demográfico. Ojalá que dicho Ministerio tenga su sede en Soria, en Burgos o Zamora (sólo por citar algunas ideas) y no en Madrid, lo que sería el colmo. No cito únicamente provincias de Castilla y León por casualidad. Esta es la comunidad autónoma más afectada por la despoblación: entre los años 2007 y 2017, perdió 102.606 habitantes.

Dado que ayer todos los candidatos prefirieron dedicar el tiempo de su debate a otros asuntos, aquí recojo las medidas que plantean para combatir la despoblación en sus programas electorales:

– ¿Cómo pretende el PSOE luchar por la repoblación?

El Partido Socialista tiene un apartado dedicado al reto demográfico. Estas son sus medidas:

1.- Aprobaremos la Estrategia frente al Reto Demográfico, acorde con las directrices ya adoptadas, incluyendo la previsión de un mecanismo rural de garantía, conforme a la recomendación de la Declaración de Cork 2.0. e integrando la perspectiva de género.

Mi análisis: la aprobación de dicha estrategia no depende única y exclusivamente de que el PSOE gobierne. La cosa es más complicada. Una vez en La Moncloa, las directrices del reto demográfico se remitirán a las comunidades autónomas, ciudades con estatuto de autonomía y representantes de las entidades locales para su discusión junto con sus propias propuestas con la meta de presentar la estrategia en la próxima Conferencia de Presidentes. Así que, una vez más, toca esperar para ver si las medidas se aplicarán o quedarán como ya es habitual sobre un papel que lo aguanta todo. Habrá que ver cómo se desgranan, qué presupuestos se asignan y cómo influirán transversalmente en las políticas sanitarias o educativas, entre otras.

2.- Fomentaremos una política de infraestructuras mallar y no radial, dirigida a promover la conexión interterritorial, aumentando la inversión en cercanías ferroviarias y culminando los corredores mediterráneo y atlántico, incluida la prevista conexión cantábrico-mediterráneo.

 3.- Impulsaremos un plan de inversiones en nuestras infraestructuras ferroviarias con parámetros de calidad, sostenibilidad y justicia territorial. Disponer de un transporte ferroviario de calidad no solamente cohesiona nuestro país y facilita la movilidad de las personas, sino que, además, ayuda a reducir las emisiones. Es necesario incrementar la frecuencia de los servicios existentes de corta y media distancia.

 4.- Todas las poblaciones contarán con un servicio público de transporte que las comunique diariamente con la cabecera de comarca, así como con un servicio de atención sanitaria a domicilio, cuando no exista un centro local de salud.

Mi análisis: esta es una medida realmente interesante… y bastante difícil de aplicar. En mi pueblo, Ciruelos de Cervera, no hay centro local de salud y el médico sólo pasa consulta una vez a la semana, los viernes. En invierno, si nieva, ni siquiera acude. Por lo que, con suerte, visita el pueblo dos veces al mes. El servicio de atención sanitaria a domicilio sería lo lógico, pero teniendo en cuenta que cada vez hay menos profesionales sanitarios dispuestos a trabajar en el medio rural, ¿cómo se va a conseguir esta medida? Faltan datos.

Por otro lado, son muchos los pueblos por lo que no pasa un autobús ni para ir a la cabecera de comarca ni a ningún otro sitio. Esto no es algo que suceda ahora, sino que ya son años y años. Así pues, plantear un servicio público de transporte diario, aunque ideal, suena un tanto ficticio. Demasiado olor a promesa.

5.- Conectividad digital en todo el territorio nacional, reforzando el despliegue de banda ancha para que el 100% de la población tenga asegurada el acceso a una conexión de calidad.

Mi análisis: tocará realizar un sprint porque a 1 de julio de 2018, sólo el 48% de las localidades con menos de 5.000 habitantes tenían banda ancha de 30 Mbps. Esto, por mucho que lo prometa el PSOE o el partido que sea, es por encima de todo un compromiso adquirido en la Agenda Digital Europea, que contempla que el 1 de enero de 2020 las compañías deberán cubrir con 100 Mbps el 90% de los pueblos.

6.- Crearemos las Oficinas Comarcales para la Cohesión Territorial, favoreciendo la implicación de gobiernos autónomos y locales para la prestación de los servicios básicos en el medio rural, y para impulsar dinámicas socioeconómicas que frenen la despoblación, promoviendo el emprendimiento y el trabajo autónomo, reduciendo las cargas fiscales y administrativas y aprovechando al máximo los fondos europeos disponibles, así como la formación continua, el retorno de jóvenes y la integración de inmigrantes, en las zonas más despobladas. Todo ello, teniendo en cuenta la perspectiva de género y el relevo generacional en todas las actividades económicas.

 7.- Impulsaremos la realización de un Inventario de los bienes inmuebles y rústicos en manos muertas (sin aprovechamiento económico), con el fin de dinamizar el mercado inmobiliario y de tierras y favorecer el desarrollo de nuevas actividades económicas y la fijación de población.

Mi análisis: esta es una medida más que necesaria por los problemas de acceso a la vivienda que hay en la mayoría de los pueblos. La Federación Española de Municipios y Provincias hace años que propuso lo siguiente:

1.- Líneas de subvención para adquisición y rehabilitación de viviendas que sean primeras residencias

2.- Captar viviendas vacías y gestionar bolsas de viviendas

3.- Rehabilitación de inmuebles de la bolsa pública de vivienda rural

8.- Actualizaremos y desarrollaremos la Ley 45/2007, para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural y el correspondiente Plan de Desarrollo Rural para mantener y ampliar la base económica del medio rural de manera sostenible, y su nivel de población, y para elevar el bienestar de su ciudadanía; y para conservar y recuperar su patrimonio histórico cultural y sus recursos naturales, con especial atención a las perspectivas de los más jóvenes.

 9.- Garantizaremos la seguridad en nuestros pueblos, a partir de la recuperación del número de efectivos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, perdidos durante los siete años de la Administración anterior, y se impulsará el Plan de Infraestructuras.

10.- Introduciremos criterios territoriales para reducir la desigualdad y garantizar la efectividad de los derechos de las ciudadanas y ciudadanos, sin importar el lugar en el que vivan.

– ¿Qué propone el PP para combatir la despoblación?

Si nos atenemos al debate de ayer, nada. Absolutamente nada. Pablo Casado no hizo ni una sola referencia a la despoblación. Parece que esto a él ni le va ni le viene. Se equivoca. La despoblación no es un fenómeno aislado, sino un problema que concierne a toda España. Una parte del país se vacía y otra se llena. Unas zonas agonizan y otras se saturan. Así que allá él, si no le preocupa la despoblación, quizá debería ir preocupándose por la superpoblación.

En cualquier caso, esto es lo que dice el programa del PP:

1.- Impulsaremos un Pacto de Estado contra la despoblación para abordar desde todas las instituciones este desafío. Además, mantendremos nuestro compromiso de apoyar el papel de las diputaciones como instituciones indispensables para el desarrollo de la España rural y la provisión de servicios públicos esenciales.

Mi análisis: efectivamente que es una labor de todas las instituciones, pero también del conjunto de la sociedad civil y de los ciudadanos. No se olviden de estos últimos, puesto que son los grandes conocedores del terreno.

Por otro lado, esto de la provisión de servicios públicos esenciales es como no decir nada. Lugares comunes, palabras huecas. Señores del PP, ¿podrían concretar un poco más?

 2.- Incluiremos factores como el envejecimiento o la despoblación en la ponderación para la reforma del sistema de financiación autonómica.

 3.- Aprobaremos planes de apoyo de la actividad cinegética, una actividad con alto componente medioambiental y valor económico. Seguiremos extendiendo las licencias de caza y pesca interautonómicas.

 4.- Impulsaremos el Programa de Extensión de Banda Ancha y el Plan 300×100 para la conectividad total con alta velocidad de todos los núcleos de población de la España rural.

Mi análisis: me remito a lo anteriormente expuesto. Menos promesas y más cumplir con los compromisos adquiridos.

5.- Elaboraremos un Plan por la Sanidad y la Escuela Rural para atraer a profesionales con unas condiciones especiales que incentiven su permanencia y arraigo, y que garantice el acceso a servicios de calidad en el medio rural, poniendo especial énfasis en las infraestructuras y recursos educativos y sanitarios, sociales y de atención a la dependencia.

Mi análisis: nuevamente paja. El PP no concreta nada, ni tampoco esboza cómo ni de qué manera pretende mejorar la sanidad o la escuela rural.

 6.- Estableceremos nuevas líneas de ayuda en los planes de Vivienda para favorecer el acceso a la vivienda y el establecimiento de nuevos vecinos en las zonas rurales con escasa población. Incluiremos entre ellas ayudas adicionales a la rehabilitación para los propietarios que ofrezcan su vivienda al mercado de alquiler.

Mi análisis: ¿Nuevas líneas de ayuda? ¿Había alguna antes?

– ¿Cuáles son las medidas de Ciudadanos para el medio rural?

Albert Rivera se limitó en el debate a señalar que la despoblación es uno de los grandes problemas que tiene España. Por eso, en Castilla y León, que ha perdido más de 100.000 habitantes en la última década, Ciudadanos pactó con el PP, en el poder desde hace más de 25 años. El mismo PP que impulsó la Agenda para la Población que ha cosechado un fracaso estrepitoso con más de 10 años consecutivos de descenso poblacional.

“La desigualdad más grande de hoy es vivir en un pueblo o una ciudad. Porque no tienes pediatra, no tienes una parada de autobús. Propongo un pacto contra la despoblación”, dijo Rivera, prometiendo una tarifa plana de 30 euros a los autónomos que trabajen en el campo.

Dos matices señor Rivera:

1.- En los pueblos sí tenemos paradas de autobús, lo que no tenemos son autobuses.

2.- Esto del pacto contra la despoblación no se lo adjudique como idea original. Las plataformas sociales lo exigen desde hace mucho tiempo. Hable, por ejemplo, con Soria ¡Ya! o Teruel Existe.

Aquí las promesas que recoge el programa electoral de Ciudadanos:

1.- Llenar la ‘España vaciada’ de oportunidades de futuro.

Apoyaremos el emprendimiento en el mundo rural: los autónomos que se den de alta en municipios de menos de 5.000 habitantes tendrán derecho una cuota superreducida de 30 € durante 2 años. 

Bajaremos los impuestos a las personas que vivan y a las empresas que operen en municipios en riesgo de despoblación para fijar población y generar oportunidades con las que devolver la vida a nuestros pueblos. Fomentaremos la repoblación y dinamización económica de nuestros municipios en riesgo de despoblación, con la aplicación permanente de los siguientes incentivos:

  • Una deducción en el IRPF de hasta el 60%sobre las rentas generadas en municipios en riesgo de despoblación.
  • Una bonificación en el Impuesto de Sociedades de hasta el 60%.
  • Una bonificación en el ITP/AJD de hasta el 50%sobre las transmisiones de inmuebles y terrenos sitos en municipios en riesgo de despoblación, así como en los derechos (hipotecas, arrendamientos, etc.) que se constituyan sobre ellos.
  • Una bonificación en la cotización a la Seguridad Social de hasta el 40%.

Pondremos en marcha un Plan de Choque para eliminar la Brecha Digital en el medio rural que afecta a casi el 20% de la población española y acabaremos con la exclusión digital en nuestro país. 

Cero impuestos para garantizar el relevo generacional en explotaciones agrarias y mantener su actividad tras la jubilación de su titular. 

Mi análisis: ¿bajar impuestos es lo único que necesita el medio rural para atraer población? ¿Nada más? ¿Y en serio que se podrían bajar todos esos impuestos y en la medida que dicen? Mmm, demasiado electoralista. No sé por qué me da que el 11 de noviembre (en caso de ganar) no se expresarían en los mismos términos.

– ¿Qué propone Podemos para luchar contra la despoblación?

Pablo Iglesias fue el primero de todos en hablar del medio rural en el debate a cinco. Lo hizo en el bloque de cohesión territorial criticando que este tema se limite a Cataluña: “Mucha gente que nos está viendo y que vive en el medio rural sabe lo que significa no tener asistencia médica, y lo que significa no tener carreteras, ni trenes o un cuartel de la Guardia Civil. Y saben lo que significa no tener acceso a los servicios públicos y eso también es un problema territorial de España”. Una primera declaración de intenciones que se quedó ahí. En las tres horas posteriores de debate, ni una palabra más sobre la España interior.

No obstante, estas son las medidas de Podemos, algunas similares a las que propone el PSOE en su estrategia nacional para el reto demográfico:

1.- Plan Nacional de Desarrollo Rural. Al tomarlo como una cues­tión de Estado, activaremos un plan para revitalizar la estruc­tura social y económica del mundo rural mediante el impulso de las infraestructuras regionales, la localización prioritaria de los proyectos productivos señalados en los tres horizontes y la previsión de líneas de financiación prioritarias para estos y otros sectores, como el sector agrario sostenible, la ganade­ría extensiva y la pesca artesanal y de bajo impacto.

2.- Ofreceremos acceso prioritario a la tierra para la juventud, en coordinación con los bancos de tierras existentes, e implementaremos pla­nes especiales de empleo en zonas que, fruto de la discrimi­nación histórica, cuenten con una situación excepcional de baja tasa de empleo y especial afectación por el vaciamiento poblacional.

Mi análisis: hace falta y mucho meter mano al acceso a tierras por parte de los jóvenes. Ahora bien, ¿cómo se traduce ese acceso prioritario?

3.- Paquete de servicios básicos. Garantizaremos que todas las poblaciones puedan contar con los siguientes servicios: ser­vicio de transporte adecuado que comunique diariamente a demanda con la cabecera de comarca -estableceremos las obligaciones de servicio público adecuadas para asegurar el acceso a servicios de movilidad dignos, con independencia del lugar de residencia-; atención sanitaria a domicilio de calidad, si no es posible tener un centro de salud; atención in­mediata de una patrulla de la Guardia Civil en un máximo de 15 minutos; reparto habitual de suministros básicos cuando no sea posible disponer de una tienda de ultramarinos, para lo cual se establecerán líneas de ayudas públicas; al menos un cajero automático dentro de un radio de 20 kilómetros, financiado a través de un canon al sector bancario para la inclusión financiera y gestionado por Bankia; y centros cul­turales ciudadanos al menos en cada cabecera de comarca, así como una oferta cultural descentralizada en colaboración con las Administraciones competentes.

Mi análisis: me remito a lo explicado en el apartado del PSOE respecto a la atención sanitaria a domicilio y al transporte diario. Me temo que falta algo de contacto con el terreno… Creo que estas propuestas suenan muy bien, pero a cualquier habitante del mundo rural se le escapará una pequeña carcajada cuando las lea. Lo mismo sucede con los bancos. Aquí os dejo lo que sucede en el mío: https://www.historiasdepueblo.es/mi-pueblo-tampoco-tiene-banco-ni-cajero-automatico/

¡Y qué decir de la Guardia Civil! Recibir atención en 15 minutos como máximo, no es por ser agorera, pero dista bastante de la realidad… Insisto: falta pisar el terreno y empaparse bien de lo que sucede. No todo vale por mucho que estemos en campaña.

4.- Plan 8131: todos nuestros pueblos conectados a internet en una legislatura. Acceso a internet de banda ancha a un míni­mo de 30 Mbps y con un mínimo de 3G para cualquier núcleo habitado a un precio asequible, al que contribuirán las gran­des empresas del sector mediante un canon.

Mi análisis: esto ya debería ser una realidad.

5.- La España vaciada, primero. La manera más eficaz de reducir la desigualdad es implementar medidas de discriminación po­sitiva. En particular, le daremos la vuelta a la discriminación a través de un plan de choque para acelerar la equiparación de derechos y servicios, y para cerrar la brecha territorial.

Mi análisis: totalmente de acuerdo con una discriminación positiva. El medio rural lleva décadas sufriendo muchas discriminaciones. En un foro al que acudí recientemente, uno de los asistentes dijo que paga 120 euros por tener wifi (y no todos los días le funciona), mientras que en la ciudad se pagan alrededor de 50 euros. ¿Por qué se paga más dinero en los pueblos que en las ciudades por los mismos servicios?

6.- Cuan­do deban implementarse en distintas fases los principales avances del país -como la garantía de ingresos, la prestación por cuidado de niños y niñas o el Plan de Rehabilitación de Vivienda-, priorizaremos el mundo rural y descentralizaremos las inversiones, en particular, las del horizonte verde.

7.- Por otra parte, crearemos el marco para reducir a la mitad el IBI de las poblaciones con menos de 5.000 habitantes, compensando a los municipios por el descenso en la recaudación, y crearemos un fondo para luchar contra la despoblación en las comar­cas más vulnerables, con una dotación inicial de 500 millones anuales del Estado, que se complementará con el presupuesto europeo derivado del Programa Marco de Desarrollo Sosteni­ble del Medio Rural, que impulsaremos en la Unión Europea con un horizonte de 5 años.

8.- Superación del actual marco institucional de las Diputacio­nes Provinciales. Iniciaremos un debate de Estado para ac­tualizar la organización municipal, con las premisas de ir más allá de la estructura arcaica de las Diputaciones Provinciales y de generar instituciones capaces de frenar la fragmenta­ción y el debilitamiento de unos municipios que son cada vez más pequeños, así como de poder gestionar de manera de­mocrática un aumento de los servicios comunes, por ejem­plo, a través de las instituciones comarcales. Un primer paso consistirá en la implementación inmediata de la Ley 45/2007, para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural, para estudiar, al mismo tiempo, vías de mejora y superación de este marco.

Mi análisis: es cierto que hay numerosas duplicidades en el marco institucional. No obstante, me pregunto si eliminar las Diputaciones es lo mejor para el medio rural teniendo en cuenta que suelen ser las instituciones más cercanas a los pueblos (aparte del ayuntamiento, por supuesto). En el caso de una comunidad tan grande como Castilla y León, creo que una medida así complicaría aún más determinados trámites a quienes viven en el medio rural.

9.- Impulso a la financiación municipal mediante la articulación del criterio poblacional, junto a otros criterios, con el objetivo de ce­rrar la brecha territorial y la incorporación de fondos de com­pensación del valor forestal que aumenten la contribución del conjunto del país al sostenimiento de los bienes comunes ligados al mundo rural.

Mi análisis: está claro que la despoblación, más que el criterio poblacional, debería tenerse en cuenta a la hora de articular muchas medidas. No todo debería estar condicionado al número de personas que un municipio tenga censadas.

10.- Reformar el sistema de financiación autonómica para hacerlo más justo y que exista un suelo de ingresos efectivos para fi­nanciar servicios públicos dignos en toda España. El nuevo sis­tema de financiación autonómica se diseñará en diálogo con todas las comunidades autónomas, de manera vinculada a una reforma fiscal y a la solución del problema de las deudas.

Un último apunte: no se olviden de que todo esto no son más que promesas. Y si de algo está harta la España interior es de promesas electorales que una vez pasados los comicios caen en saco roto. Esta vez debería ser distinto. No tenemos más tiempo que perder. Se necesita voluntad política. Señores candidatos, créanselo: la despoblación es un problema muy grave. ¡Manos a la obra!

Los candidatos a presidir Castilla y León se ponen la boina

El primer debate entre los candidatos a la presidencia de Castilla y León en 24 años arranca con la despoblación. En líneas generales, los líderes de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos hablan cual papagayos. Llevan la lección aprendida. Cuesta saber si se lo creen de verdad o si simplemente cumplen el trámite. Prometen igualdad de oportunidades, internet en todos los rincones, bonificaciones fiscales para quienes se instalen en el medio rural… Ofrecen el oro y el moro. Qué facilidad la de la clase política para sumarse al carro de las modas sociales. Muchas palabras y poco contenido. Ojalá todas las promesas (o al menos una mayoría) se hagan realidad. Castilla y León no está para desperdiciar más tiempo. Las proyecciones del INE para los próximos 15 años son para echarse a temblar: la comunidad puede perder más de 210.000 habitantes.

El primer debate electoral en 24 años. Suena fuerte. Pero es lo que sucedió este martes en Castilla y León. Los candidatos a presidir la Junta uno al lado del otro. Sin plasmas de por medio. Dando la cara. A la izquierda, Pablo Fernández (Podemos), a su lado Alfonso Fernández Mañueco (PP), después Luis Tudanca (PSOE) y a su derecha Francisco Igea (Ciudadanos). El primer tema de discusión no podía ser otro: la despoblación. Sin contemplaciones. La pregunta del millón irrumpió una vez se colocaron en los atriles.

Apenas tuvieron un minuto cada uno para responder. Pronto llegó el vendaval de propuestas. Muy parecidas. Imposible distinguir si una medida la realiza el PP o tal vez Podemos. Hablaron de lugares comunes. De lo que la mayoría de expertos lleva reclamando décadas. Que si igualdad de oportunidades, que si servicios públicos de calidad, que si beneficios fiscales para quienes decidan instalarse en el medio rural, que si ayudas a la vivienda, que si internet llegará a todos los rincones, que si empleo de calidad, que si fomentar el patrimonio artístico y cultural, que si…

Pero, ¿cómo? ¿De qué forma? Habrá que esperar a otro debate para profundizar un poquito más. Eso sí, Castilla y León no está para esperar. Es la comunidad autónoma que más población perdió en 2018. Cuenta con un total de 2.398.214 personas inscritas en el Padrón a 1 de enero de 2019 frente a los 2.409.164 registrados en la misma fecha en 2018 y los 2.425.801 de 1 de enero de 2017, de acuerdo con el INE. Es decir, en 2018 la población cayó en 10.950 habitantes, un 0,5% respecto al año anterior. La región perdió 30 habitantes cada día del año 2018.

Los candidatos prometieron bonificaciones fiscales, pero sin concretar nada

En 2018 la población disminuyó en todas las provincias castellanoleonesas, de acuerdo con las últimas cifras de la Revisión del Padrón Municipal a fecha 1 de enero de 2019 por el INE. León perdió 5.570 habitantes, Zamora 2.855, Ávila 2.132, Salamanca 2.130, Valladolid 1.279, Palencia 1.355, Burgos 1.101, Segovia 842 y Soria 303. Precisamente Soria es la provincia menos poblada de España con 88.600 habitantes. Las siguientes provincias con menos habitantes son Teruel (134.572), Segovia (153.342), Ávila (158.498) y Palencia (162.035).

Las previsiones del INE para los próximos 15 años son para echarse a temblar. Según dichas proyecciones, en ese periodo Castilla y León puede perder 210.143 habitantes, que son más de los que tiene censados en estos momentos la provincia de Zamora (174.549). Tal caída demográfica dejaría el padrón regional en niveles propios del comienzo del siglo XX.

Unos datos que ninguno de los candidatos a presidir la Junta de Castilla y León citó. Se limitaron a repetir una y otra vez las supuestas bonificaciones fiscales que aplicarán, pero sin concretar si estas serán de un punto o de 20. Que no es lo mismo. Fueron a lo fácil, a lo popular, a ganarse el voto. A alguno le faltó decir «¡yo soy el más rural de todos! y que otro le contestara «¡no, yo más!».

Tras décadas de una ceguera monumental, sorprende la facilidad con la que ahora la clase política intenta sumarse al carro de las modas sociales. No quieren quedar desplazados una vez que buena parte de la ciudadanía sufridora del problema y algunos ensayos periodísticos exitosos han contribuido a resaltar la preocupación por el despoblamiento rural. Y todo a pesar de que la sangría demográfica en el medio rural español y castellanoleonés no es nada nuevo, ni imprevisto, ni circunstancial.

Lamentablemente, la despoblación entra en campaña, pero apenas se queda a las puertas de ser incluida en la agenda política real, la de plantear propuestas y ejecutarlas.

Basta un ejemplo. Tudanca preguntó a Fernández Mañueco hasta en tres ocasiones en qué parte del programa del PP está recogida la creación de la Consejería del Medio Rural que el candidato popular prometió en pleno debate, pero Mañueco le ignoró. “No me responde. No lo sabe porque no está. Es el asunto fundamental y no se puede frivolizar, no se puede mentir. Llevamos 32 años de gobierno que nos ha llevado a la mayor despoblación de España. Usted no tiene credibilidad. No sabe lo que quiere hacer y por eso improvisa, por eso inventa. No se ha leído su propio programa”, le espetó.

Así las cosas, si el PSOE gana el 26 de mayo parece que pondrá en marcha una vicepresidencia del gobierno para hacer frente al reto demográfico y un plan de retorno para los jóvenes que se han tenido que marchar puedan volver. Ojalá. Quiero volver.

Sí, madrileño, tú también deberías participar en la Revuelta de la España Vaciada

¿Vives en Madrid? ¿Tal vez en Barcelona? Seguro que últimamente has oído hablar de la despoblación del mundo rural. Es probable que te dé pena que se muera tu pueblo. Al fin y al cabo, allí pasaste muchos veranos cuando eras un niño. Después llegará la resignación. Qué se le va a hacer, te dirás a ti mismo. Total, allí no hay futuro. Pensarás que eso de la despoblación a ti ni te va ni te viene, que para eso vives en una ciudad. Te equivocas. Todos, urbanitas y rurales, de Galicia o Aragón, de Castilla y León o Andalucía, estamos llamados a participar en la Revuelta de la España Vaciada. Nos va el futuro en ello.

¿Vives en España? Si es así, este domingo tienes una cita en Madrid. Será a partir de las 12 de la mañana. En la Plaza de Colón. ¿Con quién? ¿Para qué? Con el presente y futuro de nuestro país. Puede sonar rimbombante, pero es la realidad. La Revuelta de la España Vaciada nos implica a todos. No importa si resides en el campo o en una ciudad. Tampoco si eres burgalés, valenciano o madrileño. La despoblación no entiende de excepciones. Es un problema que afecta a todo el territorio español.

Sí, a todo. La despoblación concierne a España como país. Una parte se vacía y la otra se satura. Ahí está el agujero negro de Madrid que todo lo engulle y el desierto que cada día que pasa se cobra un pedazo de territorio en Castilla y León y Aragón.

Zonas desiertas y envejecidas frente a ciudades superpobladas donde surgen tensiones de todo tipo. Quien viva en Madrid sabe, o mejor dicho sufre, unos precios de infarto por alquilar un mini apartamento en la periferia. Pequeño, no más de 40 metros cuadrados, caro (mínimo 700 euros) y casi con total probabilidad a una hora del trabajo. Porque el transporte es otro problema. Y ligado a él, la contaminación, además del estrés y la ansiedad.

La receta para el desastre.

Es fundamental apostar por mensajes que refuercen el éxito de vivir en el mundo rural

Bastan dos datos. El primero: desde el año 2000 hasta el 2017, la Comunidad de Madrid sumó 1,3 millones de habitantes. Sólo la capital aumentó su población en 300.121 personas, el equivalente a la ciudad de Valladolid. El segundo: en el lado opuesto se sitúa Castilla y León. Entre 2007 y 2017 perdió 102.606 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadística. La población cayó en todas las provincias castellanoleonesas. Las previsiones del INE para los próximos 15 años son para echarse a temblar. Se estima que Castilla y León podría perder otros 210.143 habitantes, más de los que tiene censados en estos momentos la provincia de Zamora.

Así que, madrileño, barcelonés, bilbaíno o sevillano, no pienses que por vivir en una ciudad no te afecta la despoblación. No pienses que la despoblación es cosa de cuatro pueblos. De cuatro hippies que se resisten a dejar su pueblo.

Cuidado. Si no salvamos los pueblos, tampoco se van a salvar las ciudades ni el medioambiente. Todo va unido. Las ciudades no pueden vivir sin el campo y viceversa. Porque el mundo rural es mucho más que unos pueblos. Es todo un modo de vida, una cultura, son los responsables de la custodia del territorio, de que los bosques se mantengan y no se propaguen los incendios. Si se pierden esas raíces, perdemos nuestra identidad, nuestra base de futuro. La despoblación de las zonas rurales nos empobrece como país.

En la actualidad, el 90% de la población española vive en apenas el 30% del territorio. Visto de otra manera: el 10% de los habitantes de España reside en nada más y nada menos que el 70% del territorio. Insostenible. Por eso todos estamos llamados a empujar. Porque todos navegamos en el mismo barco.

Soria Ya! y Teruel Existe llevan muchos años haciéndolo. Reclamando igualdad de oportunidades. Desarrollo para todos, no sólo para unos pocos. España se juega su futuro. A no ser que el futuro que queramos para nuestros hijos es convertir Madrid en México DF.

Quizá el primer paso es luchar contra el desprestigio que se ha instalado en muchas mentalidades. A partir de los años 50 parecía que el que se quedaba en los pueblos era el paleto, el fracasado. Todavía arrastramos esa situación. La gente prefiere (mal)vivir en Madrid con un sueldo de 800 euros que irse a un pueblo en el que podría vivir de maravilla. Por eso, la comunicación es clave.

Su papel es decisivo para superar el lenguaje del desprecio y la losa del fracaso ligados al campo desde hace lustros. Vivir en los pueblos debería empezar a verse como algo positivo, como una oportunidad de crecimiento personal y profesional para miles de personas que viven en zonas masificadas y carentes de valores como la calidad de vida, la cercanía, las relaciones interpersonales, la biodiversidad, espacios más saludables donde todo está más cerca y donde los atascos casi no existen.

Para ello, es fundamental apostar por mensajes que refuercen el éxito de vivir en el mundo rural. Sin crear falsas expectativas, sin idealizar. Se pueden poblar adaptándolos a los nuevos modos de vida, con nuevas tecnologías y nuevas comunicaciones. El teletrabajo es la gran esperanza.

Revertir el proceso de despoblación implica, en primer lugar, hablar bien de nosotros mismos, derribar estereotipos y poner en valor los aspectos positivos de la España interior. No está vacía (la han vaciado). Está llena de riquezas. Por todo esto, el #31MsíVOY.

Más de 70 años de la gran cabalgata de Reyes (y casi única) en Ciruelos

Corría el año 1944. El marido de la maestra organizó una cabalgata que aún hoy recuerdan los más ancianos del pueblo. A lomos de tres machos y con una capa a sus espaldas, Atilano, Florencio y no se sabe bien si Tomás o Carmelo emularon a Melchor, Gaspar y Baltasar. “Fue un día de mucha ilusión”, cuenta Félix.

Sin cabalgata, pero con Reyes Magos y, sobre todo, con ilusión. Así vive Ciruelos de Cervera (Burgos) la llegada de Sus Majestades. Hace más de 70 años que no hay cabalgata. Más de 70 años que sus habitantes no ven un 5 de enero por sus calles a Melchor, Gaspar y Baltasar. Aún así, los más ancianos del pueblo recuerdan con especial entusiasmo aquel invierno de 1944. Tal vez de 1943.

Félix y Justina, los dos vecinos de mayor edad, no se acuerdan con exactitud de la fecha. Pero sí lo bonito que fue aquel día. Magia pura a juzgar por sus palabras.

Según cuentan, Atilano, Florencio y no saben bien si Tomás o Carmelo hicieron de Reyes Magos. Montados en machos, fueron bajando desde la tenada del Juanito -en dirección Briongos– hasta el puente que se encuentra a la entrada de Ciruelos. Allí les estaban recibiendo todos los vecinos.

Los tres llevaban capas. Les acompañó Mauro con una mula a la que colocó un cajón con juguetes. Entiéndase por juguetes unas mandarinas, algunas castañas, un puñado de caramelos…

Después, Sus Majestades ciruelanos dieron una vuelta por el pueblo y tal como recuerda Justina, fueron a la iglesia “para adorar al niño”.

A Félix le gustaría que los Reyes salieran este año “a dar una vuelta por el pueblo aunque no trajeran ningún regalo”

De la organización de la cabalgata se encargó el marido de la maestra, una catalana llamada Dolores. “Eran los años de la guerra. No recuerdo su nombre, pero debía estar desterrado. Era un señor listísimo”, dice Justina, de 88 años, la vecina de mayor edad de Ciruelos, que en invierno apenas supera los 25 habitantes.

La nostalgia se apodera de ella: “Me acuerdo muchas veces. Parece que lo estoy viendo ahora. Estábamos todos en la ermita esperando y llevaban una luz como si fuera una estrella que los guiaba”. Fue el gran acontecimiento navideño.

“Estuvo muy, muy bien”, enfatiza. De la misma forma se expresa Félix, de 87 años: “Fue muy bonito. Un día de mucha ilusión”. Al 2019 le pide salud… y algo más. A Félix le gustaría que los Reyes Magos salieran este año “a dar una vuelta por el pueblo aunque no trajeran ningún regalo”.

No estaría nada mal. Desde aquel gran acontecimiento tuvieron que pasar unos 40 años, ya en 1984, para ver otra cabalgata en Ciruelos, un acto algo más discreto que se hizo en la plaza mayor, donde se recreó un pesebre y los niños acudieron a recoger sus regalos. En aquella ocasión, los Reyes fueron Elías, Víctor (hijo de Martina y Josito) y Fernando (hijo de Aurora y Román).

Hubo que esperar otros casi 20 años (en torno al año 2000) para ver algo parecido a una cabalgata en Ciruelos. Elías sacó el tractor -como recuerda Félix- y los Reyes dieron una vuelta al pueblo montados en el remolque.

Puede que Ciruelos no tenga cabalgata, puede que todo haya cambiado mucho, que ya no haya machos, ni mulas, pero Félix y Justina están convencidos de que Melchor, Gaspar y Baltasar pasarán por el pueblo. ¡Felices Reyes!

¿Cómo hablar de protectores de estómago, cochinos y dictadores en sólo dos horas?

Un bar cualquiera de un pueblo burgalés cualquiera. Un domingo cualquiera. Y una conversación que de cualquiera no tiene nada.

El escenario no puede resultar más sencillo. Un bar. Da igual cuál. En la provincia de Burgos. Dos hombres de mediana edad apuran un chorizo y un poco de pan al tiempo que beben vino tinto con gaseosa. En las aproximadamente dos horas que después pasan juntos mantienen una conversación de lo más surrealista.

Son dos horas que dan para mucho. Juzguen si no. Hablan de temas tan dispares como la matanza del cochino y la independencia de Cataluña. También de la despoblación que sufre Castilla y León. De repente, citan nombres como Antonio Machado o Marine Le Pen. Y sólo unos segundos más tarde rememoran su infancia de monaguillos. Sí, todo esto en 120 minutos. Saltan de un tema a otro a una velocidad endiablada.

Vamos por partes. Uno se arranca a hablar sobre los protectores gástricos, tipo omeprazol. ¿No había un tema mejor para un domingo lluvioso de otoño? El otro contesta que no los ve nada lógicos y cuestiona por qué no inventan, por ejemplo, un antibiótico que a la vez actúe de protector. ¡Lo que se pierde la ciencia!, pienso mientras los escucho.

Después le toca el turno a los cochinos. O más bien a la obligación de solicitar autorización al Ayuntamiento correspondiente si se sacrifica el cerdo en casa. En la matanza doméstica, un veterinario autorizado debe inspeccionar la carne de cerdo para que el consumo sea seguro. Pues bien, todo eso no convence para nada a uno, mientras el otro insiste en que más vale prevenir.

«Muchos cerebros se han quedado en la cuneta por luchar por la democracia»

Y de una tradición pasan a otra. Esta tiene que ver con la iglesia. Ya se han bebido el café y están con el chupito. Uno bebe coñac y el otro, orujo de hierbas. El del coñac recuerda que de pequeños todos querían hacer de monaguillos porque luego recibían una propina, pero a él el cura sólo se lo pedía en las misas que se celebraban de lunes a viernes. “Los fines de semana y, sobre todo, si había bautizos o bodas, les mandaba a otros”, dice con retintín.

Poco después, entran en política. Es el gran tema. No podía fallar. Todo el mundo opina de un gobierno tal o cual y los bares de los pueblos no son una excepción. A continuación, el diálogo alocado que entablan:

– En este país han matado a muchos cerebros. Gente inocente, modelos a seguir.

– ¿Quién los mató?, cuestiona el otro, que pide el segundo chupito de hierbas.

– Los mataron a todos y los tiraron a las cunetas de cualquier manera. Por ejemplo, a Machado, insiste el primero. Y añade: “Cuando se va un cerebro lo siento mucho. Se va una sabiduría de la hostia”.

– ¿Pero quién los mató? ¿O quién los mandó matar?

– No lo sé. Cuando mataron al sargento yo estaba en los cojones de mi abuelo. Así que no me preguntes si fue la derecha o la izquierda. Yo te digo que fueron asesinados. Mira, ahora hay naranjitos.

– Ponnos un chisme, se limita a decir su interlocutor.

Un trago después, retoma la conversación. Siguen con política. Pero con un giro de 180 grados.

– Lo que nos ha costado tener una democracia. España se rompe…

– Por eso te he dicho antes que muchos cerebros se han quedado en la cuneta por luchar por la democracia. Que tienes a Le Pen a las puertas, mira lo que ha pasado en Brasil [donde el ultraderechista Jair Bolsonaro asumirá la presidencia el 1 de enero] y Vox en Andalucía. No sé si estás en la onda.

– Con todo esto, ¿qué me quieres contar?

– Que van a mandar dictadores.

– ¿Qué dictadores hay ahora en España?

– Pues más de cuatro hay en las empresas. Se está haciendo un cocido en Europa

– Pues a la hora de votar te lo piensas.

– Ya te he dicho que no voto. Y que no me toque estar en la mesa [el día de las elecciones]. Te pagan 60 euros, pero yo no quiero su dinero. ¡Vete tú y si no sus hijos o sus queridas!

– No sé ya ni de lo que me hablas, se da por vencido el otro.

No acaba ahí la cosa. Tampoco la bebida. Sacan a colación a la ministra de Justicia, Dolores Delgado, la tesis doctoral de Pedro Sánchez, retoman el desafío independentista, hablan de los políticos presos, citan a Rajoy y las prejubilaciones en la banca. “Les dan 20 millones y que se ría el mundo. Y aquí estamos nosotros mileuristas o con 600 euros. Eso, eso es de lo que te tienes que dar cuenta”, subraya el de coñac, que desde hace un rato se ha pasado al ron con limón.

Y por si fuera poco, se despiden con otra mini conversación gloriosa.

– ¿Quién soltó a los topillos?, suelta de repente uno de ellos en referencia a la plaga que hubo en Castilla y León en 2007.

– Sería con avionetas.

– Esos los soltaron, no son un fenómeno de la naturaleza. Al final hubo invasión. Entonces estaría Aznar de presidente.

– Personaje más impresentable no he visto.

– Que yo no soy del PP.

– Puedes ser de lo que quieras. En la vida, simplemente, hay que ser agradecidos.

Cuando parece que van a terminar, uno saca a relucir el nombre de Ruiz-Mateos y el Opus Dei. Después de relatar corruptelas varias, suelta una frase cargada de verdad, de mucha verdad. “Con un cura no puede un pueblo, con dos curas ni dios y con una comunidad como la de Silos ni la Santísima Trinidad”.

Ahora sí, los dos se despiden. Y el mensaje, pese a las discrepancias, converge: “¡Qué bien vivimos los de los pueblos!”.

 

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