De un municipio de 25 habitantes al mundo

Categoría: Sociedad

Cómo malvivir 11 años junto a una finca de vacas ilegal

Un matrimonio de un pueblo de Segovia denuncia que la explotación ganadera colindante a su casa no cumple ninguna norma urbanística, ni de trato animal, ni de salubridad y que tanto ayuntamiento como Junta de Castilla y León se lavan las manos: «Es una condena que nos ha caído».

Imagen de la finca ganadera colindante a la casa de José Romera

Imagen de la finca ganadera colindante a la casa de José Romera

Cuando José y su mujer decidieron mudarse a la pequeña localidad segoviana de Riaguas de San Bartolomé, que apenas supera los 12 habitantes en invierno, no imaginaban la que se les vendría encima. Once años después, la ilusión de vivir en el entorno rural ha dado paso a la desesperación. La culpa la tiene una finca ganadera colindante a su casa. Ya se percataron de ello antes de comprar su chalet. Sin embargo, tras hacer las averiguaciones oportunas en el Ayuntamiento y la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León, les confirmaron que la instalación era ilegal.

Frente a ellos vivía entonces el primer teniente de alcalde, quien también les ratificó la ilegalidad de la finca y estimó en una semana el tiempo que les quedaba allí. La explotación no cumplía ninguna norma urbanística, ni de trato animal, ni de salubridad o acumulación de residuos. Aquel plazo de una semana, sin embargo, se ha hecho eterno. Lo único cierto es que han pasado los años y ellos continúan viviendo pared con pared con las vacas. Además de no poder abrir las ventanas en verano por la acumulación de insectos, no tienen más remedio que pisar una mezcla de heces, sangre y barro para entrar en su propia casa.

En este periodo de tiempo han acumulado informes de las autoridades sanitarias certificando la insalubridad de vivir allí y alertando de los riesgos de filtraciones de agua y enfermedades por distintos vectores. El ayuntamiento, por su parte, que hasta hace apenas cinco años obvió su responsabilidad a la hora de otorgar licencias, vigilar actividades, asegurar el bienestar animal y la salubridad del área urbana, emitió un informe contrario a la ubicación de la citada explotación de vacas. Sin embargo, «no ha hecho nada más en pos de restituir la situación y nosotros seguimos viviendo en una situación de grave insalubridad«, lamenta el afectado, José Romera.

«El ayuntamiento no ha querido recurrir a la Diputación o a la Guardia Civil por miedo a los dueños de la finca», asegura Romera

Asimismo, el Procurador del Común ha emitido varias sentencias a su favor que «han sido desoídas». Romera asegura que la Consejería de Agricultura y Ganadería, responsable en materia de trato animal y garante de las buenas condiciones de las instalaciones ganaderas «también ha obviado su responsabilidad». Este periódico se ha puesto en contacto con dicha administración y una semana después aún no ha recibido ninguna respuesta. La Consejería de Medio Ambiente, emisora del informe de insalubridad, tampoco escapa a sus críticas. «Todos se lavan las manos permitiendo la situación», se queja tras recalcar que les han «robado» once años de una casa «que no hemos podido disfrutar».

«Al borde de la desesperación»

Ahora, el matrimonio ha decidido que no tiene miedo. «Peor no podemos estar», agrega Romera. Por ello, han dado un plazo de un mes a Ayuntamiento, Diputación y a las Consejerías de Agricultura y Medio Ambiente para subsanar una situación que, según dicen, les mantiene «al borde de la desesperación».

En caso de que todo siga como hasta ahora, el siguiente paso será denunciarles. «Yo no les hubiera dado ni cuarto de hora pero los abogados dicen que debe ser así. Tendrían que haber impulsado el cierre de la instalación porque ellos tenían constancia de que allí no se podía vivir», explica el afectado. Y remata: «Es terrible. Estamos donde queremos. Hacemos 200 kilómetros diarios para ir a trabajar y cuando llegamos a casa lo que queremos es descansar y disfrutar, no hemos venido a fastidiar a nadie, pero las administraciones varias no hacen su trabajo y están impidiendo que vivamos con dignidad. No se puede vivir así».

«El ayuntamiento tiene miedo»

Preguntado por los motivos que se esconden tras la indiferencia de las administraciones, Romera lo tiene claro: «Somos un pueblo muy pequeño, la gente se conoce desde hace mucho. El ayuntamiento no ha querido recurrir a otros medios como la Diputación o llamar a la Guardia Civil por miedo, miedo a la reacción de estos señores [los dueños de la finca de vacas]». Casi a renglón seguido insiste en que ellos tras muchos años de no saber qué hacer han decidido que no tienen miedo y comenta que entre sus amigos el chiste es que su situación derive en un nuevo Puerto Hurraco. «Todo el mundo espera cualquier tipo de reacción cuanto menos violenta de los propietarios de la instalación. El ayuntamiento nunca se ha atrevido a sacar de ahí a una gente cuya actividad es ilegal», completa.

«Si no se resuelve nuestro caso, vamos a hacer que a la gente le dé vergüenza», dice el afectado

En este sentido, Romera añade que uno de los hermanos propietarios de la finca le reconoció sin tapujos que el problema no era con ellos sino con el pueblo porque «se les había fastidiado muchas veces». «Esto me lo dijo con la más absoluta tranquilidad», añade. Recuerda además que poco después de llegar a Riaguas de San Bartolomé la gente hablaba de algún enfrentamiento que habían tenido con ellos y que alguno le había seguido «dándole palazos encima del coche». «El problema es que el miedo del ayuntamiento lo estamos pagando nosotros. Si tienes miedo para qué te metes de alcalde, nadie te obliga», se queja Romera.

A sabiendas de que no tenían licencia, aseguran que las vacas están «con las heces hasta la barriga y que los animales que nacen caen sobre mierda nada más nacer», el matrimonio decidió por las buenas dar un periodo de tres meses a los propietarios. «Se supone que llos buscarían una nave para instalarse en otro sitio y a nosotros nos pareció bien. Pasado ese tiempo, no se fueron y el ayuntamiento tampoco les obligó. Ha sido un cúmulo de despropósitos«.

«Es una condena que nos ha caído»

Visto lo visto, dicen que se han planteado que si no se resuelve su caso, «vamos a hacer que a la gente le dé vergüenza». Señalan que aparte de no poder abrir las ventanas en verano, tampoco pueden salir a su jardín a cenar. «Hay cientos de moscas y mosquitos, por no hablar de las picaduras que sufrimos…». Otros días, dice Romera, las vacas se saltan y están por su puerta. Después de cosechar, se les ha llegado a acumular una pila de paja de ocho metros en su puerta trasera e incluso se les pinchó una de las ruedas del coche con una de las agujas que utilizan para vacunar a las vacas. «Nadie se hizo responsable», apunta.

Si la situación no mejora, se plantean incluso abandonar su casa. «Si no hay más remedio, claro». «Es nuestra primera casa, conseguida con mucho esfuerzo, y de repente, descubres que no puedes salir ni a la calle. El problema que tenemos ahora es que compramos la casa en un momento en el que las cosas valían lo que valían y que como todos los pringados que se hipotecan a 30 años, ahora tenemos una deuda con el banco y es muy difícil que podamos irnos a otros sitio», dice afligido. «Claro que nos lo planteamos pero, ¿cómo lo haces? Es una condena que nos ha caído», concluye.

17 días después de publicar este reportaje en marzo, recibí esta respuesta: «Ya no hay vacas. Gracias por la enorme función de servicio público que desarrolláis la prensa con vuestra presión».


[email protected]

@leticianunz

Burgos, contra el olvido

Hace más de veinte años que no nace nadie en ellos. Hablar de ordenadores resulta una utopía. Muchos no disponen de bares ni de servicios. Las carreteras que los unen son caminos llenos de baches. Dicen estar comunicados entre ellos e incomunicados con el resto del mundo. Los pueblos de Burgos son protagonistas del cruel camino sin retorno de la despoblación. Así lo confirma censo tras censo el Instituto Nacional de Estadística: siete municipios despoblados y diez más que ni siquiera figuran ya como entidades.

Son municipios que buscan una segunda oportunidad. El éxodo rural, la emigración de mujeres, el atractivo de las ciudades, el progresivo deterioro de los servicios e infraestructuras, la ausencia de una red mínima de comunicaciones, la falta de expectativas para los jóvenes y la inexistencia de relevo generacional, son la combinación de causas que explican la despoblación en el medio rural. Causas que sirven para ilustrar la cifra de 2000 pueblos abandonados en España. León, Soria, Guadalajara, Lérida y sobre todo Huesca son las más afectadas por este proceso, al que Burgos tampoco es ajeno.

Castroceniza es un pueblo de 13 habitantes, sus calles están sin asfaltar y la mayoría de las casas, hundidas. Sufren continuas inundaciones por el mal estado de la red viaria de agua y cuando se quedan sin ella sólo les queda acercarse al manantial. No disponen de depósito, mucho menos de bares, el encargado de suministrar las bombonas de butano llega una vez cada quince días. La misma frecuencia con la que reciben al cura. Mientras, la enfermera lo hace una vez al trimestre.

Una de las casas de Castroceniza

Una de las casas de Castroceniza

Juan Carlos Antolín es el médico que les asiste una vez a la semana. Lo hace por voluntad propia ya que una normativa recogida en el Boletín Oficial de Castilla y Léon, datada de 1987, dicta que a los pueblos con menos de 50 tarjetas sanitarias, les corresponde la visita médica una vez al mes.

“Más vale que no te pase nada aquí”, lamenta un vecino de Barriosuso

Timoteo Alonso, a sus cuarenta y cinco años de edad, es el vecino más joven de Castroceniza, donde hace ya veinticuatro años que no ven nacer a nadie. “Está todo abandonado y no atienden a nada”, afirma. El suyo es un pueblo en el que los únicos ingresos provienen de la caza.

En la misma situación se encuentran los habitantes de Peñacoba, una aldea perteneciente a Santo Domingo de Silos. A sus 90 años, Paz Santamaría pasea junto a su perra Raya. Explica que en el pueblo no ha quedado nadie, pero que ella no se irá: “Si quieren venir a verme bien, pero a llevarme no”.

Las ovejas a su paso por Peñacoba

Las ovejas a su paso por Peñacoba

A pesar de todas las carencias y dificultades a las que hacen frente los pobladores rurales, se muestran orgullosos de sus raíces y aunque le ven una complicada solución, aseguran que no cambiarían su modo de vida. “Esto es un paraíso, vives como Dios, ancha es Castilla”, exclama Carlos Cámara, albañil del municipio. La cruz de la moneda la presenta la cobertura telefónica. “Llevo dos meses sin que me funcione el teléfono, no hay cobertura ni antenas, me sale más caro que el azafrán”, concluye el peñacobino. Pero los problemas no quedan sólo en el abastecimiento de agua o de teléfono.

“Hay que hacer que la gente se sienta orgullosa de vivir en un pueblo”

También se enfrentan a inconvenientes relacionados con las carreteras, la sanidad y las telecomunicaciones, aunque el mayor quebradero de cabeza siguen siendo la despoblación y la falta de atractivos para la llegada de nuevos pobladores. “A lo mejor no debemos obsesionarnos con la generación de empleo como única opción para fijar y atraer población. Es algo que vendrá derivado de que la gente disponga de una calidad de vida razonable en el entorno rural”, manifiesta Alberto Gómez Barahona, Licenciado y Doctor en Derecho por la Universidad de Valladolid.

«Esto es un paraíso, vives como Dios», dice un vecino de Peñacoba

Por su parte, José Luis Ranero López, Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Sarriko (País Vasco), afirma que las personas se dejan cegar por las presuntas ventajas de la ciudad, y son incapaces de apreciar todo lo que ofrecen los pueblos. Ventajas como la falta de contaminación, de atascos o la menor carestía de las viviendas. La calidad de vida viene definida por lo que dictan las modas, algún día puede que cambie en beneficio de los pueblos. Ambos expertos coinciden en señalar la importancia de trabajar un componente psicológico: hacer a la gente sentirse orgullosa de vivir en un pueblo.

Mientras se trabaja este vínculo anímico, la imposición del modelo de vida urbano ha llevado a la progresiva desaparición de pueblos en toda España. En la comarca burgalesa de La Bureba, situada al noreste de la provincia, se contabilizan según el censo del INE, siete municipios despoblados. A esto habría que añadir otros diez que ni siquiera figuran ya como entidades. Algunos de ellos llevan muchos años deshabitados, pero en otros la pérdida de censo ha sido reciente. Quintanilla Cabe Soto, Movilla, Caborredondo, Bárcena de Bureba, Silanes y Valdeornedo han perdido toda su población. Algo parecido ha sucedido con localidades como Morcillo o Soto de Bureba. Frente a los aproximadamente 70 vecinos que tenían en 1960, hoy a duras penas mantienen unos pocos habitantes censados. La presencia humana resulta testimonial.

Vitorina vive sin luz

En Tejada, localidad de la comarca del Arlanza, la densidad de población no alcanza ni dos habitantes por kilómetro cuadrado. Teniendo en cuenta que la Unión Europea considera despoblado un territorio cuando tiene menos de ocho habitantes por kilómetro cuadrado, Tejada es un desierto demográfico. Está biológicamente muerto. La situación de una de sus vecinas resulta increíble. Vitorina Nebreda vive sin luz, su relación con el resto es nula… salvo con el tendero. Cuentan los vecinos que le deja una nota en la ventana con lo que necesita. Una vez éste introduce los víveres por la reja, Vitorina le paga y ahí termina su contacto con el mundo.

“El futuro de los pueblos no es muy halagüeño”, según un sociólogo

Saliendo de Tejada, dirección Santo Domingo de Silos, aparece Barriosuso. El acceso es complicado, su carretera no mide más de dos metros de anchura. Lo habitan cinco personas. No disponen de autobús para acercarse a Burgos. El médico tampoco llega hasta allí sino que son los propios vecinos los que deben desplazarse hasta el pueblo más cercano. “Más vale que no te pase nada aquí”, lamenta Martiniano Santamaría, vecino a temporadas, ya que el invierno lo pasa en la capital junto a sus hijos.

Plaza mayor de Barriosuso

Plaza mayor de Barriosuso

Otro de los problemas de la inminente desaparición de estas aldeas es el abandono de todo el bagaje histórico, cultural y patrimonial que atesoraban. Un estado de deterioro irreversible en el que han caído muestras de arte románico de extraordinaria calidad. Dice el refrán que quien tiene padrino, se bautiza. Pues bien, en Quintanilla de las Viñas sus dos o tres vecinos se mantienen atados a la vida gracias a la ermita visigótica que acopian. La localidad cuenta con un ermitaño que, según comentan los vecinos, gana más con las propinas de los turistas alemanes que con su sueldo. “Como aprieta la ermita, arreglan la carretera, sino estaría totalmente abandonado”, comenta Jacinto Eras, residente del municipio.

Ermita de Quintanilla de las Viñas

Ermita de Quintanilla de las Viñas

“En 15 años quedarán totalmente vacíos”

Puede que la última oportunidad para seguir con vida sea su conversión en lugares de residencia vacacional y de descanso. Son muchos los vecinos que han reformado su casa o construido nuevas viviendas, acudiendo al pueblo siempre que sus trabajos se lo permiten. Pese a ello, el 75% de la población rural supera los 70 años. “El futuro de los pueblos no es muy halagüeño”, decía el que fuera sociólogo y antropólogo de Ciruelos de Cervera, a apenas ocho kilómetros de Tejada. “Creo que en quince ó veinte años los pueblos, durante la mayor parte del año, van a quedar totalmente vacíos”. Vacíos durante el año pero con ciertos halos de luz y de esperanza en épocas veraniegas, con motivo de las fiestas patronales, de algunas tradiciones como las marzas o en Semana Santa. Puede que muchos queden abandonados absolutamente y se limiten a reseñas en las carreteras, en los mapas o en el carné de identidad de sus antiguos moradores.

Con el verano llegarán las bicicletas pero, ¿y durante el resto del año?. “Si los pueblos ven reducir su padrón de habitantes, los recursos para mantenerlos decentemente van a ser muy escasos y si no se cuenta con aportaciones personales será muy difícil conservarlos en unas condiciones mínimas de habitabilidad”, explicaba Represa, encargado del Archivo Municipal de Ciruelos de Cervera. Un pueblo en el que no ha habido ningún nacimiento desde el ya lejano 1983. Una localidad que en las últimas tres décadas ha perdido el 50% de su población. En definitiva, Burgos, un páramo rural.

Página 2 de 2

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén