Historias de pueblo

De un municipio de 25 habitantes al mundo

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Un paseo por Ciruelos de Cervera… ¡con la televisión!

‘Paseos por la provincia’ recorrió Ciruelos de Cervera el 31 de enero. Bonito homenaje a sus gentes y su forma de vivir en el programa de La 8 Burgos (Radio Televisión de Castilla y León), de la mano de Gerardo de Mateo y Susana Andrés.

Ciruelos de Cervera es un pequeño pueblo de Burgos. Se encuentra a 67 kilómetros de la capital. Está situado en la comarca del Arlanza. Pertenece al partido judicial de Aranda y forma parte de la Mancomunidad de La Yecla.

Cuenta con una localización estratégica: está a 30 kilómetros de Aranda de Duero, a 30 de Lerma y a 30 de Salas de los Infantes. Y a sólo 15 kilómetros de Santo Domingo de Silos. Cuenta, además, con una entidad local menor: Briongos de Cervera.

¿Cómo se llega a Ciruelos?

Para llegar desde Burgos, se toma la autovía A1 en dirección Madrid. Unos 20 minutos después, llegamos a la salida 203, que nos señalará Lerma. Siguiendo la carretera, cruzaremos la Villa Ducal completamente, hasta llegar a una rotonda, cuya segunda salida nos llevará a Ciruelos, mediante la BU-900 dirección Silos. Admirando el paisaje durante otros 15 kilómetros, nos encontraremos, con un giro de 90 grados a la derecha hacia Tejada y Ciruelos de Cervera, por la carretera BU-V-9004. Pasaremos por prados, nos internaremos por un pequeño valle, dejaremos atrás Tejada, más pinares, y finalmente llegaremos a Ciruelos de Cervera.

Desde Aranda, hay que dirigirse hacia la carretera de Caleruega y Santo Domingo de Silos, la cual empieza al lado de la plaza de Toros. Unos 10 kilómetros después, veremos una señal que indica un desvío a la izquierda hacia Tubilla del Lago, una carretera que nos internará entre pinares en la que, con suerte, verás algún corzo.

Pasado el pueblo de Tubilla, nos encontraremos con un cruce, en el cual tenemos que seguir recto, dirección Santa María del Mercadillo. Unos minutos después, disfrutando de unas cuantas curvas y dejando ya de lado Mercadillo, continuamos por la misma carretera para llegar a Ciruelos de Cervera.

Con una altitud de 1.025 metros sobre el nivel del mar, Ciruelos se localiza junto al Espacio Natural de los Sabinares del Arlanza, uno de los sabinares más extensos y mejor conservados de Europa con ejemplares que superan los 2.000 años de vida.

¿Cuántos habitantes tiene?

Allá por el año 1950 tuvo más de 500 habitantes. 503 para ser exactos, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Pero hoy la realidad es bien distinta. Ciruelos se vacía. Pierde población y lo hace a un ritmo vertiginoso. Cuando yo nací, en 1988, había 211 habitantes. Treinta años después, sólo quedan 101 empadronados. ¡Menos de la mitad!

Hasta Ciruelos llega el panadero todos los días de la semana

Su densidad de población ronda los 2,9 habitantes por kilómetro cuadrado.

No obstante, cabe destacar que esas son las cifras oficiales. Las reales reflejan una situación aún más dramática. Durante los 365 días del año, con su invierno duro y sus múltiples nevadas, apenas duermen en Ciruelos unas 25 personas.

¿Qué servicios tiene?

El pueblo cuenta con dos bares y dos tiendas de ultramarinos, que abren prácticamente todo el año. También tiene un polideportivo. Quizá de los más completos de toda la provincia. Pero apenas nadie lo usa.

Hay tres alojamientos rurales, de los cuales uno pertenece al ayuntamiento. Se trata de dos viviendas de dos habitaciones cada una situadas en el mismo edificio consistorial disponibles en alquiler.

Y hablando de turismo, no se puede olvidar la ruta de senderismo que parte desde la Iglesia de San Sebastián: el sendero del Alto de la Cabeza. Aquí todos los detalles.

La médica, en teoría, visita el pueblo los lunes y los viernes, pero si tiene guardia o nieva se suspende la consulta. La enfermera tiene asignados los miércoles (aunque con excepciones, como sucede con la médica).

Hasta Ciruelos llega el panadero todos los días de la semana. Todos. Los lunes, martes y viernes hace el reparto Roberto, el panadero de Tubilla del Lago. Y los miércoles, jueves, sábados y domingos es el turno de Carlos, vecino de Valdeande.

El carnicero de Huerta de Rey acude los viernes y el de Covarrubias los martes y jueves. Quien quiera comprar pescado puede hacerlo los jueves.

¿Qué servicios no tiene?

Hace más de un año que no hay banco. Me explico: Ciruelos nunca ha tenido banco ni cajero automático, pero una vez al mes acudía un trabajador de distintas entidades para que la gente hiciera las transacciones que necesitara.

Ahora ya no llega ningún banco. El último en hacerlo fue CaixaBank. Antes también dieron servicio el Banco Castilla, Caja Rural y Caja del Círculo.

No hay autobús para ir a Aranda. Y eso que sólo está a 30 kilómetros de distancia.

El autobús que va a Burgos pasa a diario y tarda dos horas en llegar a la capital.

¿Y wifi? ¿Hay wifi?

Vayamos por partes. Wifi público no. Pero cobertura sí. Desde que Movistar y Vodafone activaron el 4G Rural, se navega de maravilla. Como en cualquier ciudad.

De la misma forma, se pueden realizar llamadas telefónicas sin ningún problema de cobertura. Recuerdo que de pequeña íbamos a las eras para conseguir aunque fuera una raya de cobertura. Ahora todo eso es historia.

Por Ciruelos vuelve a pasar el autobús que hace la ruta escolar. ¡Qué gran noticia!

Al margen de servicios, hay algo más que me gustaría destacar. Desde el invierno pasado Ciruelos se quedó sin rebaño de ovejas. Siempre ha habido. Todas las tardes comían hierba en las eras antes de dirigirse a la nave. Pero esa estampa ya se acabó.

A cambio, por Ciruelos vuelve a pasar el autobús que hace la ruta escolar. ¡Qué gran noticia! Se llama Sandra, tiene seis años y va al colegio rural agrupado de Gumiel de Izán.

El pueblo tiene un museo: Días de Escuela y Marzas. Una joya donde se recrea cómo era la vida antiguamente.

¡Os invito a visitar Ciruelos! ¡Merece la pena!

Como dice mi amigo Agapito… ¡qué bien vivimos los de los pueblos!

Más de 70 años de la gran cabalgata de Reyes (y casi única) en Ciruelos

Corría el año 1944. El marido de la maestra organizó una cabalgata que aún hoy recuerdan los más ancianos del pueblo. A lomos de tres machos y con una capa a sus espaldas, Atilano, Florencio y no se sabe bien si Tomás o Carmelo emularon a Melchor, Gaspar y Baltasar. “Fue un día de mucha ilusión”, cuenta Félix.

Sin cabalgata, pero con Reyes Magos y, sobre todo, con ilusión. Así vive Ciruelos de Cervera (Burgos) la llegada de Sus Majestades. Hace más de 70 años que no hay cabalgata. Más de 70 años que sus habitantes no ven un 5 de enero por sus calles a Melchor, Gaspar y Baltasar. Aún así, los más ancianos del pueblo recuerdan con especial entusiasmo aquel invierno de 1944. Tal vez de 1943.

Félix y Justina, los dos vecinos de mayor edad, no se acuerdan con exactitud de la fecha. Pero sí lo bonito que fue aquel día. Magia pura a juzgar por sus palabras.

Según cuentan, Atilano, Florencio y no saben bien si Tomás o Carmelo hicieron de Reyes Magos. Montados en machos, fueron bajando desde la tenada del Juanito -en dirección Briongos– hasta el puente que se encuentra a la entrada de Ciruelos. Allí les estaban recibiendo todos los vecinos.

Los tres llevaban capas. Les acompañó Mauro con una mula a la que colocó un cajón con juguetes. Entiéndase por juguetes unas mandarinas, algunas castañas, un puñado de caramelos…

Después, Sus Majestades ciruelanos dieron una vuelta por el pueblo y tal como recuerda Justina, fueron a la iglesia “para adorar al niño”.

A Félix le gustaría que los Reyes salieran este año “a dar una vuelta por el pueblo aunque no trajeran ningún regalo”

De la organización de la cabalgata se encargó el marido de la maestra, una catalana llamada Dolores. “Eran los años de la guerra. No recuerdo su nombre, pero debía estar desterrado. Era un señor listísimo”, dice Justina, de 88 años, la vecina de mayor edad de Ciruelos, que en invierno apenas supera los 25 habitantes.

La nostalgia se apodera de ella: “Me acuerdo muchas veces. Parece que lo estoy viendo ahora. Estábamos todos en la ermita esperando y llevaban una luz como si fuera una estrella que los guiaba”. Fue el gran acontecimiento navideño.

“Estuvo muy, muy bien”, enfatiza. De la misma forma se expresa Félix, de 87 años: “Fue muy bonito. Un día de mucha ilusión”. Al 2019 le pide salud… y algo más. A Félix le gustaría que los Reyes Magos salieran este año “a dar una vuelta por el pueblo aunque no trajeran ningún regalo”.

No estaría nada mal. Desde aquel gran acontecimiento tuvieron que pasar unos 40 años, ya en 1984, para ver otra cabalgata en Ciruelos, un acto algo más discreto que se hizo en la plaza mayor, donde se recreó un pesebre y los niños acudieron a recoger sus regalos. En aquella ocasión, los Reyes fueron Elías, Víctor (hijo de Martina y Josito) y Fernando (hijo de Aurora y Román).

Hubo que esperar otros casi 20 años (en torno al año 2000) para ver algo parecido a una cabalgata en Ciruelos. Elías sacó el tractor -como recuerda Félix- y los Reyes dieron una vuelta al pueblo montados en el remolque.

Puede que Ciruelos no tenga cabalgata, puede que todo haya cambiado mucho, que ya no haya machos, ni mulas, pero Félix y Justina están convencidos de que Melchor, Gaspar y Baltasar pasarán por el pueblo. ¡Felices Reyes!

Félix no tiene con quién pasear

El suicidio demográfico es una realidad en la localidad burgalesa de Ciruelos de Cervera. Su habitante más longevo cree que en dos años desaparecerá el pueblo. “En la España de toda la vida abundaban los niños y predominaban las familias numerosas. No éramos un país rico, pero vibrábamos de vida. Así fue hasta hace un cuarto de siglo o poco menos. Ahora vivimos en un país donde cada vez se peinan más canas y en el que la chiquillería brilla por su ausencia».

Félix tiene 85 años. Nació un 2 de mayo en Ciruelos de Cervera, Burgos. La Segunda República apenas tenía 18 días de vida. Es, o mejor dicho era, el sexto de ocho hermanos. Después matiza: el octavo de diez. El primero de la saga falleció con tan sólo tres meses y al segundo se lo llevó un ataque de meningitis a los siete años. Mientras bebe una manzanilla en pequeños sorbos recuerda que, según le contaron, nació en su propia casa y que durante el parto su madre recibió la ayuda de «la Isidora, la madre del Mauro».

Actualmente, sólo su hermano Pancracio, de 82 años, y él viven. Apenas coinciden unos días al año, casi siempre en verano, cuando éste se escapa de Barcelona. «Esta vez le vi bastante bien, oye», dice tras aclarar que hace un tiempo estuvo «entre Pinto y Valdemoro» por una afección en el hígado. Él, por su parte, apunta que siempre merienda un yogur a las siete de la tarde y que no come mucho porque «no es bueno». En su dieta no faltan las judías una vez a la semana y el pescado para la cena: «Me mantengo entre 80 y 81 kilos».

«En dos años este pueblo desaparecerá, nadie tiene ilusión por él»

Félix es también el más longevo de todo el pueblo. Allí vive los 365 días del año. Hoy, aquel chaval que creció rodeado de 70 mozos pasea sólo por las calles de Ciruelos. Lamenta no tener con quién hacerlo, al menos en invierno, cuando el municipio no supera los 25 habitantes. Asegura que está «aburrido» de ver la televisión pero si hay una película del oeste no la perdona. «Muchas veces estoy solo y no tengo con quién hablar», continúa para poco después soltar su premonición: «En dos años este pueblo desaparecerá, nadie tiene ilusión por él». Puede que no le falte razón. Al menos las estadísticas están de su lado. Los últimos datos del INE, publicados esta semana, revelan que en el primer semestre del año vinieron al mundo 1.305 burgaleses y fallecieron 1.926. «Todo tiene un principio y un final en esta vida y hay que llevarlo lo mejor que se pueda», dice al tiempo que apura la manzanilla.

Abril del 48

Mientras tanto, prefiere hablar del pasado. Dice que recuerda mejor lo que sucedió hace 70 años que lo que hizo ayer. Y da buena muestra de ello. Recupera su época de estudiante en una escuela, la de Ciruelos, en la que había cerca de 40 mozos y unas 50 mozas. La melancolía vuelve a apoderarse de él: «Fíjate y ahora nadie». Él, uno de los pocos solteros de entonces, habla incluso de que «alguna vez sí tuvo novia» pero aquello no cuajó. Cambia rápido de tema. Evoca otros episodios. Y sin saber muy bien porqué se arranca a hablar sobre el fuego que arrasó la pedanía de Briongos. «Estábamos el Apro y yo tomando el sol fuera del corral cuando apareció el Clemente con la bicicleta para avisar de que había fuego. No sabíamos si creerle porque entonces lo decían muchas veces aunque fuera mentira».

En el primer semestre de este año vinieron al mundo 1.305 burgaleses y fallecieron 1.926, según el INE

Ambos decidieron poner rumbo hacia Briongos. A pata, eso sí. «Adelantamos a la Toribia y a la Lauren que iban a lavar la ropa y llegamos los primeros», dice haciendo alarde de su memoria. Y continúa: «Allí estaba el Hilario, que nos tiró por la ventana unas alubias, tampoco muchas, y después le dijimos que saltara él porque si no iba a arder. Después fuimos a la casa del tío Sotero y antes de tirarse nos echó unos garbanzos y unas sartas de chorizos». Tampoco pasa por alto que «el Piano» y el tío Sotero se subieron al tejado o que el maestro se desplazó en macho hasta Oquillas (a unos 20 kilómetros) para llamar a los bomberos. «Tardaron, por lo menos, tres horas en llegar». El fuego arrasó el 75% del pueblo. Fue un 6 de abril de 1948.

«Los curas eran terribles»

Accidentes al margen, también tiene tiempo para hablar de las juergas que se corrían de jóvenes. «Algunos las preparaban de mil hostias», espeta. Habla del Carnaval y de que nunca llegó a disfrazarse porque estaba prohibido. En una ocasión, cuenta, el cura arrancó las máscaras «a tortazos» a una cuadrilla que se saltó el veto y después el alcalde les impuso como arresto que le llevaran «un viaje de leña». Por si hubiera dudas se encarga de mencionar que lo partían con hacha, «no como ahora», y de lanzar una pulla a la Iglesia: «Los curas de entonces tenían un poder terrible».

Vuelve a mirar el reloj. Son las siete menos cinco. Ya lo había advertido. Siempre merienda a en punto. Se planta el gorro y muleta en mano se acerca hasta la barra para dejar la taza de manzanilla ya vacía. «Hasta otro rato».


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